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Hace más de un año, abrí este blog con ciertas reservas … con la sensación escalofriante de quedar expuesta en Internet!
Al mismo tiempo, sentía unas ganas enormes de escribir y decir mil cosas que tenía en la mente y en el corazón. Y supongo que esto último pesó más porque sigo aquí abriendo mis pensamientos al mundo entero.
Ahora bien, todo me parecía genial cuando éramos poquitos. Es decir, cuando sólo conocía en persona a los panas de Imakinaria o a Adri (a quien siempre he considerado fugitiva del mismo extraño planeta que yo).
Los nuevos amigos bloggeros no representaban problema puesto que eran amistades nacidas en una misma atmósfera: la necesidad de expresarse. Sin embargo, ahora que muchos amigos de la vida real están entrando a la blogósfera y me comentan, me hablan, me escriben… y sobre todas las cosas ME LEEN, no puedo menos que sentir vértigo.
… y no estoy hablando de Bayly, por supuesto. Qué vergüenza.

Viene de Indecisión Doméstica
Paso dos horas escogiendo el color exacto que tengo en la cabeza y luego de varias tintas, mezclas y remezclas, me llevo mi galón de pintura amarilla.
En cuanto el señor Eduardo echa el primer brochazo en la pared… Auxiliooooooooooooooooo!!!!!!!!
Ese amarillo intenso hace parecer que la casa se estuviera incendiando!!!!
Horrible!!! ¿¿¿Quién demonios escogió esa pintura????
Eduardo se ríe en mi cara pero me dice que en la tienda de pinturas pueden volver a mezclarla y darle un tono más moderado. Me enfilo hacia allá y logro que el chamo de la máquina me ponga unas 10 tintas más hasta llegar a un color digamos… mostaza.
“Ok, Eduardo, pinta ahí una esquinita pa’ ver…”
Dios santo!!!! Pareciera que hubiesen embarrado la pared de pupú.
¡¡¡Qué color más espantosoooooo!!!!
¿Y ahora cómo hacemos? Bueno, ahí está el color marfil. “Pinta con ese y contrastamos con el vinotinto que compré”.
Eduardo, diligentemente (por cierto que no me ha dicho en cuánto me van a salir todos los cambios que se me han antojado) va y pinta la mayor parte de la sala con el discreto color marfil. Tan discreto que parece que no hubiese pintado nada; sigo viendo la pared blanca, pero sin las huellas de Pongo.
“Esteeeeeeeee… Eduardo… eh, mira, yo pienso que la pared quedó muy bien pintada pero se ve un poco… clarita, ¿no te parece? Yo la veo hasta blanca, no sé. ¿Por qué no hacemos un experimento y le echamos un poco de blanco al color pupú ese que me hicieron en la tienda… de repente da un color beige bonito… quizás… digo yo…”
Eduardo, con toda la paciencia del mundo, se sienta a mezclar el color miel (da) con un pote de pintura blanca, llegando a varios tonos interesantes, hasta que por fin!!!! da con un color beige tostado muy hermoso, el que ostenta mi sala en estos momentos.
En medio del desorden, me invade un profundo sentimiento de culpa por tanta indecisión, hasta que en un momento de sinceridad, Eduardo me comenta de su experiencia con mis vecinas: Laura mandó a cambiar la pintura tres veces y la de la esquina, un día lo llamó “de emergencia” para que le cambiara los colores que le habia pintado dos semanas antes, porque esas paredes “no la dejaban DORMIR”.
Jejejejjejejeee.
Me alegra ver mi casa bonita, pero más me alegra saber que en indecisiones domésticas, no estoy sola.
Este año dije BASTA y aunque estábamos en pleno Julio , me dispuse a darle un toque de cariño a mi casita.
Pero esto ha sido un completo caos.
Para empezar, lo que se suponía iba a estar listo para mi cumpleaños, el 2 de agosto, todavía está en proceso de elaboración. Y falta bastante.
Pero en realidad, yo he tenido gran parte de culpa, porque la indecisión femenina defintivamente no es cosa de juegos, al contrario.
Primero, se me metió en la cabeza que quería hacer unos nichos de yeso en la sala. Lo más difícil ha sido explicar qué diablos son unos nichos de yeso.
“Es como unos cuadros pero profundos”, “Como unas ventanas para poner adornos”, “Como unas repisas pero de drywall, con luces”, “No, no es para poner vírgenes… que vainaaaaaaaaaa!!!”
En fin, una vez medio entendido el concepto (diseño en Corel de por medio), empieza el señor Eduardo a construir los famosos nichos. Y según mi propio diseño, eran cinco.
Luego de dos semanas, cuando por fin están montados y pintados, me detengo a ver y cónchale… como que cinco es mucho. “Eduardo, mejor pon cuatro… pero fíjate, el de la derecha, aléjalo un poco porque está muy pegado a los otros”
Estamos hablando de desatornillar, despegar yeso, quitar clavos, lijar y volver a atornillar, pegar yeso, lijar y pintar otra vez.
Unos tres días después, están listos los cuatro nichos. Muy lindos.
Peeeeeero, cuando acomodamos el sofá, resulta que el de la derecha se ve como alejado de los demás… “Eduardo, pana disculpa, ¿quieres agua? es que mira… yo creo que ese nicho como que quedó muy lejos, amigo. Esteeeeeeeee… no te provoca un yogurcito??? aquí tengo un poquito de torta que quedó de la boda de mi tía. ¿Por qué no … eh …. vuelves a poner el nicho donde estaba antes…?? digo, si se puede…”
Eduardo me mira con ojos asesinos pero del fondo del estómago logra sacar una sonrisa y me dice “Sí, las mujeres son así… igualito fue la otra vecina que me hizo cambiar la pintura como 3 veces”
Yo: “Qué horror!!! esa inhumana loca. Ajá… ahí, justo al lado del interruptor. Perfecto”
Eduardo: “Andreina, ¿estás segura de que lo quieres ahí. no? Mira que ya no me queda más drywall y la lámina cuesta 70 mil bolos. Tú dices”.
Ni de vaina, así quedó bien. Ya esta es la segunda lámina y el presupuesto se está disparando como un cohete.
Pero eso no es todo… luego vino la pintura.
Qué desastre.
(Continuará…)
Entre carreras, acompañantes retrasados, colas y un refresco que se tardó mil años… llegué tarde.
No sabía si estabas realmente ahí entre tanta gente, entre tantas risas tontas, entre tanta oscuridad.
Y empecé a caminar de vuelta a casa, ya resignada a que la noche terminara sin emoción. Alguien me tomó de la mano y me subió a su carro, dándose cuenta de mi silencio y mi distancia.
Y justo cuando ya no había más nada que hacer, en un gesto de último intento, levanté la mirada…
Y ahí estabas, con los ojos clavados en mí, como si alguien te hubiese dicho exactamente hacia donde mirar.
Alto, informal, de gorra volteada, perdido en el espacio… encantador.
Un segundo, sólo un segundo duró ese cruce de miradas que enseguida reactivó las mariposas en mi estómago y me devolvió la sonrisa. Y por si fuera poco, me ha traido con la piel erizada hasta aquí a escribirte, sin la menor intención de dejarme dormir.
Sólo un segundo…
Pero hoy, precisamente HOY quiero ponerme malcriada y decirle a Dios: “Coño, pana, NO ME PROTEJAS, yo quiero meterme en ese enredo que he estado buscando desde hace tiempo”.
No me digan ese consuelo pajúo de “Lo mejor es lo que pasa” o “Si no se dio es porque eso es lo que más te conviene…” ¿Y eso se supone que debe hacerme sentir mejor?
No sé si me va a ir bien o mal, no sé si voy a salir engañada, no sé si voy a terminar en quiebra total, no lo sé.
POR ESO quiero vivirlo, palparlo, sentirlo y si tengo que sufrirlo, pues que así sea!!!!
PD: Aunque pensándolo bien, Diosito, si ves que me va a caer una plaga egipcia, no me abandones… 
Hija de alguien que hoy está muy enfermita de cáncer y que necesita tratamientos costosos.
Si para algo puede servir esta blogósfera venezolana es para ayudarnos entre todos… y este es el momento propicio.
La mamá de Awacate sufre de cáncer y algo podemos hacer.
Envía un mensaje con la palabra CATE al 7733. El costo del mensaje es de Bs. 2.500 + Bas + IVA. Con eso ya estás ayudando!!! Y si puedes enviar varios… mejor.
Así como hemos sumado ya 400 en to2blogs.com y 3000 en Veneblogs, así también podemos sumar muchos mensajitos para la mamá de Awacate.
Por cierto, hoy es el cumpleaños de la Cate y según ella misma, este es el mejor regalo que ha podido recibir: una línea de mensajes de texto para recibir el apoyo de todos.
Feliz Cumpleaños, Awacate y que todo el mundo acuda a este llamado!!!









