Eres como para gustarle a cualquiera.
Tienes un encanto natural, una inteligencia sobresaliente, una personalidad calmada…
Tu rostro de hombre, no de niño, transmite profundidad y preocupación por el futuro.
Tu familia me acepta y estaría dispuesta a recibirme.
Incluso tienes la solidez económica que toda mujer quisiera, ¿por qué no decirlo?
Tienes todo para tomarte en serio y comprometerse hasta los huesos.
Pero como ironía del destino, mi piel no reacciona con la tuya, mi boca no se excita con la idea de saborearte ni mi estómago da vueltas al imaginarnos en una escena de sudor y carne.
Tengo mil razones para estar contigo… pero me falta el sin razón.