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Cuando llueve, mi cerebro entra en contradicción con mis emociones… pienso por un lado que sentirse triste a causa del mal tiempo es de niñas ilusas. Pero por Dios que un montón de gotas cayendo juntas también logran conmoverme y muchas veces le quitan el sol a mis pensamientos.

Cuando llueve busco el disco de Dido y lo escucho como una enferma, me pongo a recordar que antes no me importaba empaparme en un buen aguacero y de pronto, me dan unas ganas enormes de prepararme un chocolate caliente, como si hubiese viajado a un país con invierno.

Me pongo supersticiosa y no abro el paraguas en la casa ni me atrevo a darme una ducha, no vaya a ser que un rayo me destruya en pleno baño.

Me pongo melancólica, vuelvo a leer a Benedetti, vuelvo a escuchar a Chopin y me resguardo en el calor de mi cobija, viendo una película vieja en televisión.

Pero sobre todo, pienso en alguien que me da un beso en la frente, que me habla de arte, de música y toma chocolate de mi taza. Alguien que se siente calentito si lo abrazo, que toma la tristeza de la lluvia y con sus manos la convierte en paz.

Ojalá estuviera aquí…

Este es simplemente un tiempo de receso, de tranquilidad, de espacio para pintar algunas paredes sucias y limpiar olores viejos, antes de seguir adelante.

Durante este tiempo, llenaré por fin mi necesidad de replegarme en mí misma y disfrutar de mi intimidad en paz. Quiero dejar de aceptar invitaciones y de recibir llamadas de media noche.
Quiero dormir sola en mi cama, sin manchar mi edredón blanco, ese que parece una nube y sólo quiere acobijar a un verdadero ángel.

Hasta Pitágoras lo dijo: “Purifica tu corazón antes de permitir que el amor se asiente en él, ya que la miel más dulce se agria en un vaso sucio”.

Sólo por un tiempo…

Ayer 22 de marzo 2007, entre ritmos de golpe larense, arlequines, malabaristas y una enorme curiosidad, fue la gran inauguración del Centro Comercial Metrópolis Barquisimeto.
A pesar de abrir sus puertas con sólo 70 tiendas operativas de un total de 205, Metrópolis por fin develó el misterio y dio paso a los barquisimetanos hacia una nueva opción en centros de compra al oeste de la ciudad.

A través del portal diseñado y construido por el artista plástico Carlos Medina, tuvimos acceso al ceremonial de protocolo con el Alcalde Henri Falcón, Monseñor Tulio Manuel Chirivella y la plana mayor de Mantex-Metrópolis, enmarcados por la animación (?) de la Miss Venezuela barquisimetana Ana Karina Añez.

Un presupuesto de 40 mil millones de bolívares dio como resultado un centro comercial que inunda los ojos de colores: rojos, azules, verdes y amarillos le dan calorcito al paseo.
Los voceros de Metrópolis aseguran que es más pequeño que su hermano mayor construido en Valencia, pero por una cuestión de óptica, el Metrópolis barquisimetano da la sensación de ser más grande.
Que cada quien opine…

Vale decir que todo el mundo farandulero, desde medios de comunicación hasta empresarios de altísimo nivel estaban presentes. Christian (alias Cambur) y yo nos recorrimos todo el Metrópolis varias veces hasta que por fin encontramos donde &$$%% era el coctel VIP.
Lo único es que nos perdimos a Calle Ciega… pero nos ganamos el primer puesto para ver los fuegos artificiales desde la terraza.
!!!!Éxito a Metrópolis Barquisimeto!!!!!

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Dícese de aquel individuo que se dedica a excitar a una mujer a distancia, vía telefónica, por correo electrónico o con mensajes de texto ardientes, pero que a la hora de concretar dicha acción erótica, siempre se las arregla para no aparecer.

Situación 1:

Víctima: “Aló???”

Calentador (con voz sumamente sensual): “Hola, bella… no podía aguantar las ganas de hablarte… quiero verte… “

Víctima (interesada en la propuesta): “¿Sí? Mmmmmmmmm ¿Y eso..? ¿Cómo para qué…?”

Calentador: “Tú sabes… para acariciarte con mi lengua por todas partes…”

Víctima (con la sangre ya en ebullición): “Eso suena bien… muuuuyyy bien…”

Calentador: “Si quieres paso por tu casa esta noche y hacemos todas las cosas ricas que me están pasando por la cabeza…”

Víctima: “Uuuuuuuyyy … bueno, me encantaría, vente como a las 9, te espero…”

Calentador: “Sí, pero ya va, yo te paso un mensaje si puedo, porque no es seguro”

Víctima: “¿Cómo que no es seguro?”

Calentador: “Es que quizás no pueda… estoy entrando en una reunión, te escribo más tarde”

Horas después, se lee el siguiente mensaje de texto “Mi amor, tengo que pasar buscando a mi hermana, no puedo ir. Será otra día. Besos”

Víctima: FUCK!!!!!!!
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Situación 2:

Víctima: “Aló??”

Calentador: “Te tengo una idea que te va a encantar, bella. ¿Por qué no nos vamos tú y yo este fin de semana para la playa. La pasaríamos muy bien los dos, no crees?”

Víctima: “¿Para la playa? ¿El fin de semana? ¿Los dos, tú y yo solos? Esteeeeeee… bueno, la verdad es que sí, me encantaría que viajáramos solitos los dos…”

Calentador: “Dale, mi amor, ya mando a reservar el hotel. Preparáte porque no te voy a dejar dormir.. vamos a hacer el amor hasta el amanecer…”

Víctima (sin aliento): “Ya me lo estoy imaginando, este va a ser un fin de semana delicioso. Te voy a hacer todo lo que tú quieras… ¿Saldríamos el viernes o el sábado?”

Calentador: “Déjame ver, linda, yo creo que el sábado. Pero mañana te confirmo a ver si nos vamos o no, todavía no estoy seguro”

Víctima: “Pero no entiendo… ¿no estaba decidido ya, pues?

En ese momento, el calentador dice su frase más célebre, símbolo de que todas tus hormonas han perdido su trabajo: “Yo te aviso…”
Y más tarde, remata con un mensaje (siempre un cobarde mensaje): “Disculpa, amor, me mandaron a un curso en Valencia. Será otro día. Besos”

El calentador pareciera divertirse con el hecho de excitarte, conseguir que la mente y el cuerpo se emocionen y dejarte justamente como novia de pueblo: vestida y alborotada.
¿Por qué hacen eso? ¿Por qué nunca concretan la acción?
Como dice un amigo mío “Es el tipo que convence pero NO PENETRA”
¿El logro es envolverte con palabras y excitarte sólo el cerebro? ¿Su meta es simplemente escucharte decir que sí?
Creo que por fin lo entendí, la próxima vez que venga por aquí con sus ideas eróticas, yo también le tengo una frase sensualísima: “Anda a calentar a tu madre!!!!”


No olvides que en algún momento fuiste una muchacha que sólo tenía su fuerza para hacer las cosas.

Hoy que te refugias en la comodidad de tu casa y te molesta que no esté el cuadro de autor que quieres en la pared, te digo que antes de esa nimiedad, había una soñadora que ahorraba todos los meses con una meta fija en la cabeza.
Hoy, que te da pereza caminar diez pasos bajo el sol, quiero recordarte que antes de ti había una chica que llegaba a todas partes sudando, pero con la motivación en pie.

Ahora te toca a ti trabajar y resarcirla. No te duermas.

Cuando las niñas de mi familia estábamos pequeñas y soñábamos con estudiar, hacer carrera y ser grandes, Carla representaba para nosotras el modelo a seguir, nuestra idealización del éxito en la vida.

Carla había estudiado en el exterior, hablaba inglés y vivía sola en su propio apartamento. Tenía un carro chévere, ganaba mejor que cualquiera y poseía la libertad para hacer lo que le diera la gana: irse para la playa un fin de semana, comprarse ropa preciosa y sobre todo, no consultarle nunca a nadie de sus decisiones.
Carla era nuestro ideal de independencia y nuestra meta a alcanzar algún día.
¿Casa, marido, hijos? Nada que ver, ella parecía absolutamente feliz en su mundo y nosotras dábamos la vida por comprar un pasaje a ese universo perfecto, muy lejos de la cocina y más lejos aún de un pañal.

Sin embargo, un día, empezamos a notar que Carla ya no se veía tan bien como antes, que el rostro lindo y fresco que siempre habíamos visto había perdido brillo y que su sonrisa le descubría unas líneas nuevas en la cara.
“Es que Carla ya tiene más de cuarenta…” advirtió mi mamá. Y desde ese momento, se instaló entre todos un tema que parecía preocupar a una sociedad entera: el hecho de que Carla no se hubiera casado.
Las pequeñas creímos que eso no la afectaba, que simplemente ELLA HABÍA DECIDIDO que así fuera, lo cual generaba en nuestras mentes una mayor admiración: “¡Por Dios, Carla es magnífica! se ha atrevido a mostrarle al mundo que no necesita de un hombre para ser feliz!! Se basta consigo misma!!”
Pobres inocentes, no sabíamos en ese entonces que Carla lloraba con frecuencia en las noches y que su tremendo sueldo, su apartamento y su libertad no le servían de consuelo.

Recuerdo que en medio del tema de la “soltería prolongada”, alguien dijo: “¿Y quién &%%% se va a empatar con Carla? Si esa mujer no necesita a nadie!! Es demasiado independiente. Tendría que ser un hombre arrechísimo el que pueda estar con ella!!! ¿Y quién quiere una mujer de ese calibre? Eso es demasiada presión!!!”

Un día, sin dar muchas explicaciones y decidida a alejarse un poco de su entorno acusador, Carla amaneció renunciando a su trabajo y emigrando a otro país. ¿Su nueva faceta? Voluntaria en ayuda social.
Un cambio radical que todo el mundo reprobó pero que no nos quedó otra opción que aceptar. Así esta nueva mujer, con casi cincuenta años a cuestas, empezaba un reto totalmente desconocido: una vida de sencillez.
Y entre organizar grupos de ayuda, coordinar actividades y relacionarse con nuevas culturas, Carla vino a toparse con un hombre de una sensibilidad increíble, dieciséis años menor, que un poco más tarde la haría su esposa.

Nunca la habíamos visto tan feliz como cuando entró vestida de blanco, lista para entregarse por completo y deslastrarse por fin de su pesada independencia.

Ya no idolatro a Carla, simplemente he comprendido lo inmensamente sola que se sentía… y lo equivocado de nuestro concepto de la felicidad.

Ayer 13 de Marzo, la mamá de nuestro amigo Croncho murió en un accidente de tránsito.
No soy muy buena para hablar en estos momentos, sólo quería hacerle llegar un abrazo y decirle que lo lamento profundamente…
Estoy contigo, Cronchito.

Confirmado!!! Voy al concierto de Ricky Martin!!
No estaba segura de poder ir porque la logística de la compra de entradas y la ausencia en el trabajo se veía un poco complicada. Pero siempre hay un ángel guardián que hace que las cosas se faciliten.
Mi querido Charlie Brown tuvo la gentileza de regalarme la entrada y más aún, de traérmela desde Valencia hasta mis manos.
Charlie, eres lo máximo!!!! TQM!!!
Así que, Ricky, espérame que allá voyyyyyyy!!!!

La gente en Inglaterra y en el mundo entero está en shock: “!!!Harry Potter desnudo!!! ¿Cómo se atreve? ¡Por los clavos de Cristo!!”
A mí me parece una excelente decisión. Daniel Radcliffe ha sabido sacarle provecho a su oportunidad de representar a Harry Potter, pero luego de cuatro películas, el riesgo de encasillarse era demasiado alto.

Quizás podía correr con la misma suerte de Cristopher Reeve, a quien siempre vieron como Superman, o Linda Blair que quedó en la mente del público como Regan de “El exorcista” por el resto de su vida.
Al interpretar a Alan Strang en la obra Equus, supongo que la intención de Radcliffe era deslastrarse completamente de su personaje y cuanto antes, mejor.
Y si la forma de romper el celofán era hacer un desnudo (por demás artístico, vale decir) ¡¡pues que lo haga!!! ¿y por qué no?

Además, no se puede negar que los cuadritos se le ven muy bien…



En esta maraña de absurdos que hemos entretejido los dos, no hay colores vivos que nos den un poco de calor.
Yo misma he decidido que haya dos opciones: una blanca que implica seguir siendo amigos y otra negra que implica tomarnos de la mano y lanzarnos al abismo en contra de todo el mundo.

Tú, más flexible y con ganas de seguir presente, me hablas de grises que permiten amistad, cercanía, confianza. Pero yo me empeño en verlo todo en tonos puros, porque sé que los grises en este caso, tienen las mismas consecuencias que el último extremo de los negros.
Lo siento, no hay medias tintas. Decidí no permitirme grises que me hagan daño, grises que se convierten en azules de tristeza. Ya no…

Al final, entre las dos opciones, tú escoges el blanco, que para tí significa tranquilidad. Yo también escojo el blanco, sólo que para mí no significa tranquilidad sino vacío… vacío de ti y de todas las emociones que se me quedan adentro deseosas de cristalizarse.
Ya veremos si este blanco purifica el alma… o la seca.