No puedo dejar de pensar que mientras yo me graduaba de bachiller, tú estabas apenas en tercer grado de primaria…
Pero hoy, en la oscuridad de tu cuarto y con la ropa en el suelo, nuestras ganas no saben de edades, para ellas sólo somos un hombre y una mujer. Dos adultos que tienen mucho tiempo deseándose y que hoy por fin se han atrevido a explorarse…

¿Qué decir de tu cuerpo? Que es casi perfecto… Firme como un animal potente, definido con la textura divina de tu piel y lleno de energía como un torrente de apetito que se ha derramado por todas partes.

Es cierto que han vuelto ciertas situaciones que yo creía perdidas en el tiempo (“¿Seguro que tu papá no nos escucha?”) y los amigos se burlan de esta relación incómoda (“¿Y a dónde salieron? ¿al circo?”) pero nada de eso importa mientras me des permiso para besar tu espalda y lamer el sudor que corre en tu abdomen.

Sí, eres menor… pero esta noche eres simplemente mío.