No te sigas esforzando, amor mío.

Ya está bien, ya probaste que puedes intentarlo y con eso me basta. Sé que tienes toda la buena intención del mundo para construir un amor bonito conmigo… pero también sé que a pesar de tus esfuerzos, no hay ningún sentimiento que te salga de las entrañas.

Aunque no lo diga, me doy cuenta de que la magia que hubo entre tú y yo se fue de viaje y muy probablemente no regrese. Me doy cuenta de que yo te abrazo y tú contestas con una sonrisa nerviosa. Me doy cuenta de que nos falta pasión, deseo, cosquillitas. Yo quiero con todas mis ganas que me pongas contra la pared y me des un beso … y tú te despides con un respetuoso “Hasta mañana”.

Te lo dije: si no sientes mariposas en el estómago, no hay nada que hacer. Las ganas nacen o no, se sienten o no… pero definitivamente no se pueden fabricar.

No le pongas más empeño, mi vida. Aprecio tu esfuerzo y sé que lo haces con toda nobleza, pero no quiero sentir que estoy mendigando el amor de nadie. Siempre podremos seguir siendo amigos, conversar, entendernos. No estoy saliendo de tu vida para siempre, sólo estoy señalándote la verdad.

No sigas luchando para lograr un producto. Tu amor debe ser espontáneo, sincero, genuino.

Si lo fabricas no sirve.  No me sirve.

PD: Quizás lo entiendas mejor si lo escuchas de Pablo.