Hoy me viste… me viste caminando de su mano, besando su sonrisa, acariciando su cabello. Y como has aprendido a conocerme, tuviste el tino de decirme que me veías contenta, pero que algo triste aún me temblaba en los ojos.

Yo hubiese querido decirte con fría seguridad que estabas totalmente equivocado, que me sentía inmensamente feliz… pero el rostro se me llena de vergüenza antes de mentirte, y lo que es aún peor, cada pedacito de mi cuerpo está desesperado por decirte que sigue loco por ti.

Él no habla tan bien como tú, no es tan alto como tú, y definitivamente no es tan dios como el que yo creé en mi cabeza con tu imagen. Con él me siento acompañada… pero sí, tienes razón, hay algo triste en el ambiente porque, a pesar de todo, él no eres tú.

Sin embargo, quiero decirte algo importante: aunque reconozco que no se siente igual, que la emoción de verle es mucho menor, que no me corre adrenalina por el cuerpo cuando me besa, él te ha superado enormemente en una sola cosa: quiere quedarse.

¿Y tú dónde estás…?