COMANDO FÉMINA Capítulo 1 "Bella de mentira"


Sí, lo confieso… En estos últimos años me he convertido en toda una adicta a las “ayudas artificiales” en cuanto a belleza se refiere. En mi mundo, todo potingue, faja o brassière mágico es más que bienvenido!
Comencemos por la cabeza… Y es que soñar desesperadamente con un cabello dorado teniendo un recio negro natural es cosa de los tiempos de Bolívar… Al contrario, en este nuevo milenio, teñirse ni siquiera es un sueño, es una O-BLI-GA-CIÓN para verte “fashion”!!! Mentiras con nombres elegantes como “Rubio Primaveral” o “Dorado Champagne”, que le roban un poquito de poder a Dios y te regalan un fabuloso toque de luz en la cabeza…
¡Claro! No todo es perfecto… En tres semanas, tu cabello natural se molesta y empieza a dar muestras de su presencia: ¡Las raíces! Es su manera malcriada de decir “¿Que creías tú? Aquí sigo estando yo!”
Salgo de la perfumería con mi rubio No. 7, hojeando una revista que habla sobre los peligros del bronceado natural: la melanina disparada, el riesgo de quemaduras de 2º grado, las arrugas playeras, las manchas … ¡Auxiliooooooo!
“!Pero si a mí me gusta tanto estar bronceadita!!!!” Dos páginas más tarde aparece la respuesta: Crème au Bronzage de Revlon. O sea, una crema marrón que te hace parecer recién llegadita de Los Roques. ¡Guaooo!!!
Vuelo a sacar mi única falda del baúl de los recuerdos y me doy cuenta de que un par de piernas playeras la hacen resucitar y verse como nueva. Ahora bien, cuidado con tropezarse o rascarse una rodilla. ¡El desmanche sería delator!
Luego, me miro al espejo y siento que falta algo … No sé, un poco de curvas al frente, un “toquecito” de volumen femenino… El push-up hasta ahora ha sido un buen amigo que empuja con todas sus fuerzas pero definitivamente, no hace milagros…
Me pongo a sacar cuentas y varias de mis conocidas han pasado por el maravilloso bisturí y muestran sin tapujos un buen 36B. Y yo, francamente, con mi 32A me siento como cucaracha recién pisada.
Alguien me da referencias de un eminente doctor (que ha operado misses y todo!!!) y más temprano que tarde me sorprendo a mí misma haciendo un cheque por cuatro millones de bolívares en nombre de la feminidad emancipada.
“!Tetas nuevas! ¡No lo puedo creer!” Sí, luego de vómitos de anestesia y de dormir como una momia por dos meses, me pongo por primera vez un escote hasta el ombligo, a lo Jennifer López. ¡Essssoooo!!!
Hummmm, pero los senos nuevos como que no combinan con esos cauchitos que siguen fieles desde las hallacas de Diciembre. Hay que hacer algo…. Escucho por la radio sobre un centro de estética y me enfilo directo hasta allá.
Me acuestan en una camilla rosada y comienza una nueva y retorcida tortura, perdón… “masaje”. Yo nunca me había dejado caer a golpes por una persona que acababa de conocer y mucho menos pagando cincuenta mil bolos… pero en este mundo estético, todo es posible. Sobre todo si la promesa es quitarte la celulitis y moldearte la cintura de Julia Roberts…
“¿Duele?” – pregunta mi masajista asesina – Se me vienen a la cabeza todos los insultos que he aprendido de mis primos maracuchos, pero me contengo y sonrío diciendo “Un poquiiiito…”
Salgo con los brazos alrededor de mi abdomen, en busca de algo más inmediato y menos traumático… Y lo encuentro! Una aparatosa malla que va de los hombros a los tobillos, bautizada con el nombre chic ”Panty”, con elásticas en las zonas claves: barriguita, pompis y piernas.
No es fácil batallar con esta cosa pero después de 20 minutos y dos uñas rotas, me lo termino de poner!!!! La figura se ve espectacular pero en cuanto me enfrento al inclemente sol caribeño, me doy cuenta de que esto no es un “panty”… ¡Es un baño sauna debajo de la ropa!!!!
“!Noooooo, qué va!” doy un giro rapidísimo en la avenida y me dirijo a mi casa, el único refugio donde importa poco si me veo bien o no…
Llego lanzando los tacones, despintándome las pestañas, haciendo trizas el famoso panty… ¡Con cada paso a la fealdad, me siento más liberada!
Entre las sábanas manchadas de crema bronceadora, las greñas despeinadas y mi pijama de Mickey, dejo de ser ¡por fin! bella de mentira…
Soy feliz de verdad.

La Tortura de Shakira


«Ay amoooor, me duele tanto… fue una tortura … perderte…»
Tortura es seguir escuchando la cancioncita esa por todos lados….

No me malinterpreten, a mí Shakira me encanta.
Tengo todos sus discos y DVD’s.
Peeeeeeeero, últimamente me ha decepcionado bastante.
Primero, el video de la requetesonada canción (sí, La Tortura) presenta a una Shakira a la que se le olvidó cantar para aprender a mover la cintura como una contorsionista en celo.
Yo entiendo que su nueva imagen sensual y atrevida es la que la ha proyectado internacionalmente pero ¡cónchale! … ¿hace falta parecer vulgar para vender? Pregunto…
Y ojo! que no soy mojigata para nada, eh?
Siguiendo con aquello de olvidar cómo se canta, me parece que a Shakira le dio un ataque de amnesia vocal para emitir ahora una serie de gruñidos que apenas se entienden.
!! Y eso que el disco se llama «Fijación Oral» !!!
Hablando del disco, les digo que la única canción fuerte y pegajosa es precisamente La Tortura, porque las demás son bastante flojas.
Por ahí se salvan dos: «La Pared», suavecita y romántica que pegará entre las niñas soñadoras y «Día especial» que cuenta con la participación de Gustavo Cerati (ex Soda Stereo) en la letra, arreglos y programación midi.
De resto, puro bodrio. Lamento decirlo.
Yo escuché el disco un par de veces y lo dejé guardadito en su lugar. No como el de su compatriota Juanes, que le he dado vuelta y vuelta!
Shakira, mi niña, serás un éxito mediático rotundo pero para mí, con este disco te quedaste en pura imagen, nada de contenido.

Aunque obviamente, con millones de copias vendidas, la equivocada soy yo.