Cruzar la línea


Cierto que podríamos.
Cierto que cruzar ese fino borde entre admiración y deseo está a un beso de distancia. Y ni siquiera haría falta explicar nada, ya lo sabríamos… está en el aire, simplemente.

Y no es cuestión de religión, ni de protegerse de comentarios malsanos, tampoco cuestión de pudor… por favor, si yo misma arrojé ese concepto a la basura un día de lluvia.
Yo podría cruzar la línea sin remordimientos y sí… hacerte el amor toda la noche.
Nada me lo impide. ¿Crees que tengo miedo de dejarme tocar? Al contrario…
Pero prefiero mantenerme de este lado, en terreno controlado, donde todavía pienso con la cabeza y no con las vísceras.

Déjame explicarte con detenimiento porque sé que te parecerá un entramado de razones sin lógica: cruzar la línea sería demasiado fácil… dar un beso en el cuello y causar una erección puede hacerlo cualquiera.

Me reta mucho más descubrir poco a poco tus pensamientos, que son geniales; me resulta más estimulante tener que pensar rápido para alcanzarte y afinar todos mis sentidos para entender tu manera especial de ver el mundo.
Y créeme que prefiero quedarme en ese estado interesante que da cosquillas en el estómago… a cerrar una ventana de luz por un deseo trasnochado que pasará con sólo darse un baño de agua fría. No vale la pena.

¿Ganas de cruzar la línea? Posiblemente sí.
¿Ganas de matar una sintonía interesante con una noche de pasión? Absolutamente no.

2 comentarios en “Cruzar la línea

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