Te prefería íntimo

tunick multitud

No sé si con este post convertiré un montón de amigos en enemigos pero ahí voy:
Hace más de un año, abrí este blog con ciertas reservas … con la sensación escalofriante de quedar expuesta en Internet!
Al mismo tiempo, sentía unas ganas enormes de escribir y decir mil cosas que tenía en la mente y en el corazón. Y supongo que esto último pesó más porque sigo aquí abriendo mis pensamientos al mundo entero.
Ahora bien, todo me parecía genial cuando éramos poquitos. Es decir, cuando sólo conocía en persona a los panas de Imakinaria o a Adri (a quien siempre he considerado fugitiva del mismo extraño planeta que yo).
Los nuevos amigos bloggeros no representaban problema puesto que eran amistades nacidas en una misma atmósfera: la necesidad de expresarse. Sin embargo, ahora que muchos amigos de la vida real están entrando a la blogósfera y me comentan, me hablan, me escriben… y sobre todas las cosas ME LEEN, no puedo menos que sentir vértigo.
Me paralizo al pensar que esta gente de la vida real ha leído mis posts de amor, de sexo, de llorantinas, o quizás ha visto esos comments en donde me llaman sifrina, puta, loca, etc.
No quiero parecer paranoica pero … ahora lo pienso dos veces antes de postear.
Y la bola de nieve sigue rodando!!!!

PD: Creí que estaba sola en este sentimiento, pero no, Rebelde también lo había pensado.

El loco de la pancarta

En Barquisimeto hay de todo: Desde niñas fashion que no tienen idea de qué es una parada de autobús hasta personajes de calle, con sucio y mucha conciencia social a cuestas.
Y hoy conocí a uno particularmente interesante.
Cuando vayas por las inmediaciones de la Plaza Bolívar o quizás por la avenida Los Leones, y escuches una voz que grita a todo pulmón «Yo no estoy pidiendo, estoy es protestando», entonces ya encontraste al Loco de la Pancarta.

Argenis Giménez es un señor de 46 años que yo había querido entrevistar desde hacía tiempo, sólo que, lo confieso… me daba un poco de miedo.
«¿Cómo hago yo para abordar a un loco??? ¿Qué le digo?»
De paso, no conocía su nombre verdadero, así que no podía llegarle con «Disculpe, señor Loco, ¿usted me permite entrevistarlo?»
Y para completar, este personaje no tiene un área específica de acción. «Su oficina» es toda Barquisimeto!!! Realmente me sentía tonta e indefensa.

Sin embargo, hoy me lancé a las calles del centro a buscarlo, y justo cuando me disponía a irme a otras labores… escuché a lo lejos su grito: «Yo no estoy pidiendo, yo estoy es protestando!!!»
Este es el mío, pues!

Nos sentamos en una lunchería pequeñita por allá y empezamos a hablar. Lo primero que debo decir es que Argenis no es tan loco como se cree. De hecho, considero que está más cuerdo que muchos que conozco.
Y para ser un indigente (como él mismo se define) está muy bien educado, tiene un verbo que impresiona y frecuentemente cita a Einstein, Bertrand Russell, Gandhi y otros líderes del pensamiento mundial.
¡¡¡Yo no lo podía creer!!!

Entre pregunta y pregunta, me entrega un montón de papeles que resumen por escrito su protesta contra el maltrato al enfermo mental en los centros psiquiátricos, diciendo abiertamente que no son hospitales sino cárceles en donde se sufren vejaciones a todo nivel. Uno de esos escritos es una carta abierta a Chávez en donde le recuerda que prometió resolver conflictos sociales como el suyo con su sonada revolución.
En fin…
Este señor tuvo oportunidad de hablar en el reciente Foro Social Mundial en Caracas, exponiendo su Manifiesto por los Derechos de los Enfermos Mentales.
Fue entrevistado por CNN Español, TVE, Caracol TV y diferentes radios y diarios internacionales. Increíble pero cierto.

Pero no… ya va. Eso no es todo. Argenis me extiende un papel con la dirección de su página web y me invita a ver sus videos en You Tube!!!!!!!!
Yo estaba en shock.

Este encuentro me ha caído como una revelación. Argenis es un loco que ha dado catorce años a una protesta que considera merecedora de una vida entera.
Le pregunto hasta cuándo considera él que seguirá protestando y sin pensarlo mucho me contesta: «Hasta que llegue un gobierno que me haga caso. Yo ya estoy enfermo de los pies, de tanto caminar, pero mientras el cuerpo aguante… la voluntad que no falle».

Viva Carlos Vives!!!

Este año habían anunciado la cartelera de la Feria Internacional de Barquisimeto y sólo un nombre me resultaba verdaderamente interesante: Carlos Vives.
Planificado en un principio para el sábado 16 de Septiembre (fecha en la que yo no podía asistir por nada del mundo), me resigné a dejar pasar oooootra oportunidad de verlo. Más adelante, el destino haría que postergaran su presentación una semana más.
Señores, anoche, en plena Feria y muy cerquita de la tarima, ahí estaba yo: ¡¡disfrutando de Carlos Vives en concierto!!!!!

Bello, alto, vestido de blanco y de sonrisa mágica. Con una voz dulce pero potente, fue exudando toda la energía de su país y el sabor de su música.

Vives también regaló saltos por todo el escenario y momentos tiernos de obsequios, besos y abrazos a las sortarias que estaban de primeritas.
Yo, que me he confesado enemiga del vallenato, bailé como si hubiese nacido en Barranquilla.
Las canciones que más me gustaban sonaron por toda la feria: Carito, La Gota Fría, Déjame Entrar, una belleza suavecita que enamoró a todo el mundo: Voy a olvidarme de mí y por supuesto, la que yo fui a escuchar con todo el corazón: Fruta Fresca. Preciosa…
A pesar de haber sido un poco corto, el concierto fue excelente. Vale la pena resaltar la ejecución de Egidio Cuadrado en el acordeón (impresionante) y la participación de Mayté Montero en la gaita.
Se respiró amor por la música, por la tierra y por la gente…
¡¡¡Que viva Carlos Vives!!!!!!!

Indecisión doméstica Parte II: La pintura


Viene de Indecisión Doméstica

Luego de la aventura de los nichos, obviamente tenía que venir la pintura para poner todo en orden. Como me gustan los contrastes, pensé en un color amarillo fuerte para una pared de la sala, que pudiera verse bien con el sofá azul.

Paso dos horas escogiendo el color exacto que tengo en la cabeza y luego de varias tintas, mezclas y remezclas, me llevo mi galón de pintura amarilla.
En cuanto el señor Eduardo echa el primer brochazo en la pared… Auxiliooooooooooooooooo!!!!!!!!
Ese amarillo intenso hace parecer que la casa se estuviera incendiando!!!!
Horrible!!! ¿¿¿Quién demonios escogió esa pintura????

Eduardo se ríe en mi cara pero me dice que en la tienda de pinturas pueden volver a mezclarla y darle un tono más moderado. Me enfilo hacia allá y logro que el chamo de la máquina me ponga unas 10 tintas más hasta llegar a un color digamos… mostaza.
«Ok, Eduardo, pinta ahí una esquinita pa’ ver…»
Dios santo!!!! Pareciera que hubiesen embarrado la pared de pupú.
¡¡¡Qué color más espantosoooooo!!!!
¿Y ahora cómo hacemos? Bueno, ahí está el color marfil. «Pinta con ese y contrastamos con el vinotinto que compré».

Eduardo, diligentemente (por cierto que no me ha dicho en cuánto me van a salir todos los cambios que se me han antojado) va y pinta la mayor parte de la sala con el discreto color marfil. Tan discreto que parece que no hubiese pintado nada; sigo viendo la pared blanca, pero sin las huellas de Pongo.

«Esteeeeeeeee… Eduardo… eh, mira, yo pienso que la pared quedó muy bien pintada pero se ve un poco… clarita, ¿no te parece? Yo la veo hasta blanca, no sé. ¿Por qué no hacemos un experimento y le echamos un poco de blanco al color pupú ese que me hicieron en la tienda… de repente da un color beige bonito… quizás… digo yo…»

Eduardo, con toda la paciencia del mundo, se sienta a mezclar el color miel (da) con un pote de pintura blanca, llegando a varios tonos interesantes, hasta que por fin!!!! da con un color beige tostado muy hermoso, el que ostenta mi sala en estos momentos.

En medio del desorden, me invade un profundo sentimiento de culpa por tanta indecisión, hasta que en un momento de sinceridad, Eduardo me comenta de su experiencia con mis vecinas: Laura mandó a cambiar la pintura tres veces y la de la esquina, un día lo llamó «de emergencia» para que le cambiara los colores que le habia pintado dos semanas antes, porque esas paredes «no la dejaban DORMIR».
Jejejejjejejeee.
Me alegra ver mi casa bonita, pero más me alegra saber que en indecisiones domésticas, no estoy sola.

Indecisión doméstica

Llevo tres años diciendo «En Diciembre arreglo la casa» y los diciembres vienen y se van sin pena ni gloria, siempre con el mismo look en las paredes: la pintura blanca, el bombillo con los cables guindando, las patas de Pongo marcadas al lado de la ventana (porque él tenía que asomarse a ver quien tocaba el timbre) y hasta una raya de marcador que me hizo mi vecinita.

Este año dije BASTA y aunque estábamos en pleno Julio , me dispuse a darle un toque de cariño a mi casita.
Pero esto ha sido un completo caos.
Para empezar, lo que se suponía iba a estar listo para mi cumpleaños, el 2 de agosto, todavía está en proceso de elaboración. Y falta bastante.

Pero en realidad, yo he tenido gran parte de culpa, porque la indecisión femenina defintivamente no es cosa de juegos, al contrario.
Primero, se me metió en la cabeza que quería hacer unos nichos de yeso en la sala. Lo más difícil ha sido explicar qué diablos son unos nichos de yeso.
«Es como unos cuadros pero profundos», «Como unas ventanas para poner adornos», «Como unas repisas pero de drywall, con luces», «No, no es para poner vírgenes… que vainaaaaaaaaaa!!!»

En fin, una vez medio entendido el concepto (diseño en Corel de por medio), empieza el señor Eduardo a construir los famosos nichos. Y según mi propio diseño, eran cinco.
Luego de dos semanas, cuando por fin están montados y pintados, me detengo a ver y cónchale… como que cinco es mucho. «Eduardo, mejor pon cuatro… pero fíjate, el de la derecha, aléjalo un poco porque está muy pegado a los otros»
Estamos hablando de desatornillar, despegar yeso, quitar clavos, lijar y volver a atornillar, pegar yeso, lijar y pintar otra vez.
Unos tres días después, están listos los cuatro nichos. Muy lindos.

Peeeeeero, cuando acomodamos el sofá, resulta que el de la derecha se ve como alejado de los demás… «Eduardo, pana disculpa, ¿quieres agua? es que mira… yo creo que ese nicho como que quedó muy lejos, amigo. Esteeeeeeeee… no te provoca un yogurcito??? aquí tengo un poquito de torta que quedó de la boda de mi tía. ¿Por qué no … eh …. vuelves a poner el nicho donde estaba antes…?? digo, si se puede…»

Eduardo me mira con ojos asesinos pero del fondo del estómago logra sacar una sonrisa y me dice «Sí, las mujeres son así… igualito fue la otra vecina que me hizo cambiar la pintura como 3 veces»
Yo: «Qué horror!!! esa inhumana loca. Ajá… ahí, justo al lado del interruptor. Perfecto»
Eduardo: «Andreina, ¿estás segura de que lo quieres ahí. no? Mira que ya no me queda más drywall y la lámina cuesta 70 mil bolos. Tú dices».

Ni de vaina, así quedó bien. Ya esta es la segunda lámina y el presupuesto se está disparando como un cohete.
Pero eso no es todo… luego vino la pintura.
Qué desastre.

(Continuará…)

Sólo un segundo…

Pensé toda la tarde que quizás sucedería… que hoy iba a verte gracias a esas jugarretas del destino que a veces nos cruzan. De hecho, ya ni siquiera son fortuitas, he aprendido a identificar esas oportunidades de verte y si los dioses me sonríen… de darte un beso en la mejilla.
Entre carreras, acompañantes retrasados, colas y un refresco que se tardó mil años… llegué tarde.
No sabía si estabas realmente ahí entre tanta gente, entre tantas risas tontas, entre tanta oscuridad.
Y empecé a caminar de vuelta a casa, ya resignada a que la noche terminara sin emoción. Alguien me tomó de la mano y me subió a su carro, dándose cuenta de mi silencio y mi distancia.
Y justo cuando ya no había más nada que hacer, en un gesto de último intento, levanté la mirada…
Y ahí estabas, con los ojos clavados en mí, como si alguien te hubiese dicho exactamente hacia donde mirar.
Alto, informal, de gorra volteada, perdido en el espacio… encantador.
Un segundo, sólo un segundo duró ese cruce de miradas que enseguida reactivó las mariposas en mi estómago y me devolvió la sonrisa. Y por si fuera poco, me ha traido con la piel erizada hasta aquí a escribirte, sin la menor intención de dejarme dormir.
Sólo un segundo…

NO ME PROTEJAS!!!!!!

Yo he admitido que la mayoría de las veces cuando a uno no se le dan las cosas, más adelante descubre que eso fue lo mejor: que no se diera.
Pero hoy, precisamente HOY quiero ponerme malcriada y decirle a Dios: «Coño, pana, NO ME PROTEJAS, yo quiero meterme en ese enredo que he estado buscando desde hace tiempo».
No me digan ese consuelo pajúo de «Lo mejor es lo que pasa» o «Si no se dio es porque eso es lo que más te conviene…» ¿Y eso se supone que debe hacerme sentir mejor?
No sé si me va a ir bien o mal, no sé si voy a salir engañada, no sé si voy a terminar en quiebra total, no lo sé.
POR ESO quiero vivirlo, palparlo, sentirlo y si tengo que sufrirlo, pues que así sea!!!!

PD: Aunque pensándolo bien, Diosito, si ves que me va a caer una plaga egipcia, no me abandones…

Barquisimeto de cumpleaños!!!

Este 14 de Septiembre la ciudad crepuscular, la capital musical, la tierra más hermosa y cordial que Dios nos ha regalado, llega con orgullo a sus 454 años!!!!

Comienza igualmente la Feria Internacional de Barquisimeto, con nuevos espacios en remodelación(mientras esperamos la inauguración del Nuevo Parque Arena): terraza gastronómica , el Palacio Grill, la manga de Coleo convertida en escenario; nuevas atracciones: «Mundo Perdido», el parque temático de dinosaurios animados electromecánicamente, parques de Alexis Montilla «Los Aleros», «Venezuela de Antier» y «La Montaña de los Sueños», además de un aire mucho más familiar y sano que en años anteriores.

Un cartel de artistas bien nutrido, que incluye desde Servando y Florentino hasta Gilberto Santa Rosa y por supuesto, todas las buenas energías de los barquisimetanos!!!

Están todos cordialmente invitados… y que viva Barquisimeto en su cumpleaños!!!

Foto: Mía, mía, que tomé desde el helicóptero.

Mi compromiso

abrazo

Compromisos… todos los días hay al menos uno.
Y cada cual tiene sus características propias: está el ligero en el que no te exiges nada más que estar allí unos segundos… Regalas una mirada insinuante, te acercas, das un beso y te vas.
No hay tiempo para detenerse, ni contarse las historias de infancia, a veces ni siquiera hay ganas de darse el número de teléfono. Para qué???

Hay otro nivel un poquito más alto en donde quizás te permitas dar un abrazo, hacer una llamada al día siguiente y si todo camina más allá, hablar de un amor pasado que te dejó destruido.
Este nivel te hace pensar que te sientes bien pero quieres esperar a ver qué pasa…
No te entregas pero estás dispuesto. Repito, si ves que la cosa marcha bien.

Pero hay uno, un tipo especial de compromiso que realmente te toca el alma.

Sabes desde el principio que has llegado a casa. Sabes que estás en un espacio donde vale la pena buscar profundidad, cerrar los ojos y echar raíces.
Sientes que puedes pasar toda la noche en una conversación y nunca aburrirte. Que su voz es todo lo que necesitas para mantenerte atento… y feliz.
Te importa el bienestar y el futuro. Empeñas tu palabra y no te atreves a decepcionar, porque sería como decepcionarte a tí mismo.
En un paseo distraído por las nubes, te imaginas que ambos adornan juntos el arbolito de navidad y hasta se manchan de pintura en una casa que los refugia a los dos.
Este compromiso se extiende hasta curar un ataque de migraña, a levantarse de madrugada a buscarle porque llega de viaje, a apartar un poco las ambiciones personales para crecer en conjunto y más aún, a arriesgar la vida si eso significa que el otro esté bien.
No sé si son cosas mías, pero siento que la gente actualmente está mucho menos dispuesta a involucrarse de esta forma. El acercamiento ligero pareciera ser la regla.
Yo, tonta ilusionada, sigo soñando con un nivel de compromiso que me demande hasta el aire, que me haga involucrarme hasta las entrañas.
Mejor lo dicen las palabras sabias que escuché hace poco:
«No debe valer la pena… debe valer la vida».