Indecisión doméstica Parte II: La pintura


Viene de Indecisión Doméstica

Luego de la aventura de los nichos, obviamente tenía que venir la pintura para poner todo en orden. Como me gustan los contrastes, pensé en un color amarillo fuerte para una pared de la sala, que pudiera verse bien con el sofá azul.

Paso dos horas escogiendo el color exacto que tengo en la cabeza y luego de varias tintas, mezclas y remezclas, me llevo mi galón de pintura amarilla.
En cuanto el señor Eduardo echa el primer brochazo en la pared… Auxiliooooooooooooooooo!!!!!!!!
Ese amarillo intenso hace parecer que la casa se estuviera incendiando!!!!
Horrible!!! ¿¿¿Quién demonios escogió esa pintura????

Eduardo se ríe en mi cara pero me dice que en la tienda de pinturas pueden volver a mezclarla y darle un tono más moderado. Me enfilo hacia allá y logro que el chamo de la máquina me ponga unas 10 tintas más hasta llegar a un color digamos… mostaza.
«Ok, Eduardo, pinta ahí una esquinita pa’ ver…»
Dios santo!!!! Pareciera que hubiesen embarrado la pared de pupú.
¡¡¡Qué color más espantosoooooo!!!!
¿Y ahora cómo hacemos? Bueno, ahí está el color marfil. «Pinta con ese y contrastamos con el vinotinto que compré».

Eduardo, diligentemente (por cierto que no me ha dicho en cuánto me van a salir todos los cambios que se me han antojado) va y pinta la mayor parte de la sala con el discreto color marfil. Tan discreto que parece que no hubiese pintado nada; sigo viendo la pared blanca, pero sin las huellas de Pongo.

«Esteeeeeeeee… Eduardo… eh, mira, yo pienso que la pared quedó muy bien pintada pero se ve un poco… clarita, ¿no te parece? Yo la veo hasta blanca, no sé. ¿Por qué no hacemos un experimento y le echamos un poco de blanco al color pupú ese que me hicieron en la tienda… de repente da un color beige bonito… quizás… digo yo…»

Eduardo, con toda la paciencia del mundo, se sienta a mezclar el color miel (da) con un pote de pintura blanca, llegando a varios tonos interesantes, hasta que por fin!!!! da con un color beige tostado muy hermoso, el que ostenta mi sala en estos momentos.

En medio del desorden, me invade un profundo sentimiento de culpa por tanta indecisión, hasta que en un momento de sinceridad, Eduardo me comenta de su experiencia con mis vecinas: Laura mandó a cambiar la pintura tres veces y la de la esquina, un día lo llamó «de emergencia» para que le cambiara los colores que le habia pintado dos semanas antes, porque esas paredes «no la dejaban DORMIR».
Jejejejjejejeee.
Me alegra ver mi casa bonita, pero más me alegra saber que en indecisiones domésticas, no estoy sola.

3 comentarios en “Indecisión doméstica Parte II: La pintura

  1. No, chica, ¿Cómo vas a ser tu la única?. Yo me rompí el coco buscando un verde sutil, el verde tipo «Martha Stewart» para pintar una pared de mi cocina. Aquí en Canadá hay trillones de marcas con Trillones de tonos, es para morirse. Cuando por fin doy con mi verde soñado viene mi marido y pinta: ¡AAAAAAAHHHHHHHHHH! ¡Qué horror!, el verde más vulgar y arrabalero de la historia. Mi cocina parecía una venta de empanadas de la carretera Caracas-Oriente (pero una venta fea). El trauma fue tal que pinté de blanco. Luego mi papá usó ese verde para pintar mi laundry que era un sacófago y no quedó ni mal (puse la foto en el blog).
    A todas estas, faltó poner la foto de tu sala pintada…¿Qué pasó?

    Saluds

  2. Saludos paisana. En cosas de la casa la indecisión femenina no es un mal, yo creo que es algo necesario poque luego de dar muchas vueltas generalmente la cosa queda verdaderamente hermosa. Solo hace falta paciencia. Un abrazo y espero que pronto termines

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