Mi reino por una bombona de gas!!!

Ya mi mamá lo había advertido hace rato… «Se va a acabar la segunda bombona de gas y no hemos encontrado por ninguna parte, nos vamos a quedar sin cocina».
Y todos respondíamos «Sí, mamáaa, ajá, mamáaaaa».

No nos habíamos dado cuenta realmente de la gravedad del asunto hasta que salimos a buscar gas doméstico con formalidad, todo esto, moviéndonos lo más rápido posible, evitando a toda costa la hora cero, es decir, antes de que se terminara el segundo cilindro.
Como en una misión secreta, salimos mis hermanos y yo (de lo más obedientes, vale decir) a buscar una preciada bombona en todos los sitios conocidos de Cabudare y Barquisimeto, pero la gente siempre nos respondía «¿Gas? Nooooo, hija, eso hace tiempo que no se ve por aquí. De todos modos, pregunte en la esquina a ver qué le dicen…»
Siempre volvíamos a casa cabizbajos y derrotados.
Y la voz seguía retumbando por toda la casa: «Se va a acabar el gas, se los estoy diciendo…»

Hoy llegó el momento que todos temíamos.
Mi señora madre, monta la olla del café en la hornilla y cuando se dispone a prenderla… !pega el grito! «Coño, yo sabía, se acabó el gas!!!»
De más está decir que salimos todos con nuestro uniforme de campaña, con las botas puestas, sin otro objetivo entre ceja y ceja que conseguir un cilindro de gas a toda costa.
«Y si no vienen con gas, no sé donde irán a dormir hoy, que se los dije jhjhgjhgjhddhdh… que buscaran con tiempo… jhhghghg .. hasta cuando… jhkhduyiejkerjhkyrueyrkjh…»

Primera zona-objetivo: El centro de Barquisimeto.
Lo primero que notamos es que generalmente las bombonas de gas se venden en bodegas y casitas humildes, así que hoy visitamos varias. Nos hicimos amigos de Doña Eulalia, Juancho, María Mercé, Mamá Dolores, Yoldan Jesús y Yuleidys de la Caridad, todos dueños o familiares de estos pintorescos sitios que en temporadas de abundancia venden gas, pero que hoy nos miraban como si preguntáramos por la piedra filosofal.
Bombonas encontradas: cero.

Segunda zona-objetivo: Cabudare (again)
Luego de intentar en distintas bodeguitas también, decidimos hacer el recorrido de las licorerías. Si uno se pone a pensar, es un poco raro asociar licores con gas doméstico, pero en fin, este país es así.
Fuimos a «Bigote Blanco», «Mi segunda casa», «La friita» y otros antros más que no quiero recordar.
Nos invitaron varias cervezas, una sangría, nos ofrecieron hielo y hasta Cheese Tris.
Optamos sólo por un refresco, gracias.
A todas estas, ya estaba haciendo calor y el hambre comenzaba a acechar.
Nuestra madre seguía mandando mensajes a los celulares: «Qué pasó? Ya quiero empezar a hacer el almuerzo y nada que llegan. Si no consiguen gas, traen un pollo en brasa»
Bombonas encontradas: cero.

Tercera zona-objetivo: El Manzano (poblado cercano a Barquisimeto, situado en las montañas)
No sé por qué me pareció de repente (quizás fue una luz que mandó Dios) que en un sitio tan alejado como El Manzano a lo mejor podía encontrarse una señora anciana que tenía una mina de oro en gas y ni siquiera se había dado cuenta… era quizás una ilusión pero nada perdíamos con intentar.
Subiendo y subiendo por la montaña, íbamos preguntando como desesperados «Señora, ¿usted no sabe dónde podemos conseguir gas?? tenemos hambre y estamos cansados, sólo una bombona de gas nos devolvería la sonrisa…»
La gente se reía, no entiendo por qué.
Al final, luego de subir, bajar, cruzar a la derecha, luego a la izquierda, pasar un perro con tres patas que está en la esquina y llegar a una calle ciega, nos encontramos con un portón rojo, bóveda dorada a nuestros ojos, puesto que allí se encontraba nuestro tesoro: el famoso gas.

«Sí, ahí la señora Marlenita tiene varias bombonas, ajá, síiii…» nos dice un nativo manzanero.
«Y no nos pueden vender dos, ¿por favor? es que estamos cansados, tenemos hambre.. bla, bla…»
«Ay, hija, no puedo, es que ya son las 12 y media… véngase como a las 3, que es cuando abrimos otra vez».
«Pero, amigo, disculpe, nosotros venimos de Cabudare, ¿no podemos hacer una excepción?»
«No, la señora Marlenita se pone brava, mejor véngase más tarde, como a las 3».

Ni modo. Fracasados pero con la llama de la esperanza aún viva, regresamos a nuestro hogar, no sin antes comprar dos pollos en brasa y ponerlos en las manos de nuestra hambrienta madre.
Puntualísimos a las 2 y 45 de la tarde estábamos mi hermano y yo al pie del portón rojo donde se nos había prometido el botín.
Cuando finalmente tuvimos ese par de bombonas en nuestro poder, nos volvió el color al rostro y como dije anteriomente, la sonrisa.

Tuvimos pensamientos corruptos también, no crean… «Epa, esta gente como que no sabe que hay escasez de gas.. ¿Y si compramos varias bombonas y las vendemos en Barquisimeto a 50 mil bolos? Hacemos unos realitos!!!»
Pero al final desistimos porque nos pareció tomar ventaja de la desesperación de la gente (ñaca, ñaca).

De vuelta a casa OTRA VEZ (sin contar que hoy no trabajé casi nada), recordé que justamente hoy se estaba desarrollando la Cumbre Energética de Sudamérica en la Isla de Margarita, cuyo principal punto de discusión es la integración de la Organización de Países Productores y Exportadores de Gas de Suramérica- OPPEGASUR.
Me llama poderosamente la atención que se señale a Venezuela como uno de los países con mayor producción y exportación de gas natural, lo cual en teoría nos debe hacer sentir muy orgullosos.
Sin embargo, me hubiese gustado enviar un video de mi odisea de hoy y preguntarle al presidente Chávez por qué carajo si somos tan grandes productores de gas, no consigo yo una piche bombona en toda la ciudad.
No entiendo.

Mi caballero andante

Tengo que escribir sobre él…
Tengo que decir que su presencia, por una extraña razón que aún no logro comprender, me hace entrar en ese agradable estado de alivio, de tranquilidad…

Este caballero andante exuda arte y sensibilidad, es como encontrar un tesoro entre tantos hombres que sólo saben de lo ordinario de la vida.
El me llama “encantadora dama” y dice que de todos mis ángeles, yo soy el más hermoso.
Me habla de Benedetti y de Bécquer, como quien se pasea entre sus letras sólo para ofrecerme un pedacito de poesía y hacerme soñar con la hora en que nuestras manos se entrelacen al calor de una prosa.

Al mismo tiempo, él es uno de los hombres más silenciosos que he conocido… parece estar observando el mundo entero con ojos críticos y escudriñar cada momento para guardarlo en su memoria de aprendizaje.
Para mí es un misterio delicioso, absolutamente digno de descifrar, aún si me toma cien años y me exprime toda mi agudeza.

Dice también haber escogido su camino para hacer un poco de justicia a su alrededor, y esa determinación firme y noble me hace sentir inmensamente orgullosa.
Es un justiciero, mi caballero andante.

Si tengo que hablar de un “nosotros”, podría decir que los absurdos parecen haberse detenido a nuestro alrededor… y siguen haciendo una fiesta con nuestras sensaciones.
Él no teme reconocer que piensa en tonterías sentimentales y yo confieso haber aprendido a extrañarlo en muy poco tiempo. Afortunadamente, el recuerdo de nuestro último abrazo se ha mudado a vivir en mi cabeza, así sus brazos se me hacen presentes siempre.

No se me olvida mi decisión de estar sola por un tiempo, pero vaya que es difícil no pensar en amor frente a un hombre con tanta delicadeza en las manos.
Sería yo una tonta si dejara alejarse a un caballero de tanta valía…