What if…

¿Por qué tienes ese empeño en quedarte, si sabes que no puedes?
¿Por qué juegas conmigo «a la casita» si sabes que esta no es tu casa?
¿Es porque te he dicho que no se debe? ¿Es porque te he dicho «Vuelve a tu vida, déjame en paz»?
Me parece que quieres quedarte porque esa sería tu rebelión contra el mundo, pero no realmente porque me quieras a mí.
Es difícil creer que que te sientes mal, que tus problemas te ahogan y que yo soy «la luz al final del túnel». Suena a patrañas masculinas, como de costumbre.
Pero aún así no dejo de preguntarme: Si estuvieras libre… ¿también estarías dispuesto a quedarte?

Feliz Día del "Padre"

No sé por donde empezar a agradecerte. Has sido una persona que, además de llenarse de cariño, ha tenido la entereza de echarse tres hijos al hombro y hacer de cada uno un profesional motivado, con empuje para la calle y para la vida.

Ahora que tengo mi propia casa y debo velar por mi propia manutención, entiendo cuán difícil es esforzarse por crecer y asegurar su bienestar.
Has combinado trabajo con amor y esa fórmula no la prepara cualquiera. Debo reconocer también que tus reprimendas nos han llevado por el camino correcto, aunque sea ahora cuando nos demos cuenta de ello.

Hoy, mis hermanos y yo te regalamos un abrazo inmenso para mostrarte la enorme admiración que sentimos por ti y para reunir en nuestros brazos el cariño de una vida entera a tu lado.
Sé que tu verdadero día ya pasó, pero como ya es costumbre, quiero decirte otra vez este año: Felíz día del “Padre”, mamá.
TQM

Carta a la mujer D

Todavía recuerdo aquel día en que entraste vestida de blanco, con la sonrisa amplia, rebosante de alegría… jugándote la vida entera en una sola palabra: sí.

Hoy, que empacas tus cosas y ves por última vez una casa que estaba hecha para llenarse de amor, no logras explicarte qué fue lo que sucedió.
Guardas una foto feliz y no puedes evitar que se mojen tus pestañas, recordando el momento en que la felicidad no era una idea vaga sino un compartir de todos los días.
Buscas un por qué y no lo encuentras, no entiendes cómo un príncipe pudo convertirse en sapo y echar abajo tus ilusiones.

Maleta en mano, cierras la puerta con cuidado, pero aún así sientes que el sonido de la madera detrás de tí, parece rimar con la palabra “Final”.
De ahora en adelante serás una “mujer D”. Así, sólo con una letra, porque la palabra completa se te ahoga en la garganta, junto con el nudo de una tristeza que apenas comienza.

A ti, mujer D, quiero decirte que este no es el final. Quiero decirte que lo que parece un revés, es en realidad, un reto importantísimo; difícil pero importante.
A ti quiero decirte que, ahora más que nunca, le probarás al mundo de qué estás hecha, que nada ni nadie te detiene. Que si el cuento de hadas no resultó como lo esperabas, el buen Dios ya debe estar preparando otra historia feliz para ti.

Llora y descarga esa melancolía confusa que llevas dentro, pero al terminar, límpiate la cara, vístete, péinate y mírate al espejo, que allí se encuentra una de las mujeres más maravillosas que yo haya conocido.
Sonríe con seguridad y sal otra vez al ruedo… a la vida no le quedará otra opción que sonreírte de vuelta.