Plegaria

Hay tanto desorden aquí adentro que sinceramente no sé por donde empezar a recoger. Pero aquí estoy.
Habiendo olvidado un poco cómo se debe formular una oración, intento elevar una plegaria de la forma que más me gusta: escribiendo. Creo que a través de mis propias palabras, podré volver a entender que sigo siendo tu niña, que hay todavía amor y perdón en tus archivos para mí.

Ya sabes que no me gusta el método religioso, ya sabes que sentirme sometida a un manual de cómo quererte me hace alejarme. En cambio, la sencillez de tu compañía es un alivio.
Yo prefiero cantar una canción vieja, de aquellas que le daban color a los domingos. De aquellas que siguen diciendo que es más fuerte el amor que la falta del hijo pródigo; que hay que buscar dentro de sí sin exigirse tanto, que ahí estás… justo al frente.
Yo sigo agradeciendo tener comida en mi mesa, sigo llamándote Padre Nuestro antes de dormir y sigo creyendo que los rayos de sol entre las nubes vienen acompañados de tu presencia.
¿Es inmadura mi fe? Sí… y así me gusta.

Yo lo que quiero es poder hablar contigo y preguntarte mil cosas.
Si pudiéramos sentarnos los dos al borde de un muro alto, relajados con los pies colgando, te preguntaría cómo podría yo llenarme de una energía nueva que me haga vivir con más ahínco, con inspiración. Sería una energía extraña, pues daría entusiasmo y tranquilidad al mismo tiempo…

Yo lo que quiero es volver a sentirme protegida, no seguir pensando que soy yo sola contra el mundo. Yo quiero sentir esa paz de la que me habla mi madre y que no me termina de entrar en la cabeza. Yo quiero cerrar los ojos, respirar profundo y saber que todo va a estar bien.
Un poquito de consuelo, una palmadita en el hombro, un beso en la frente… eso es todo.

Adieu, Bip!!!

Vaya… ¿qué le pasa a la muerte que se ha empeñado en el arte?
El sábado fue el turno de Marcel Marceau, el mimo del mundo, que con sus 84 años a cuestas decidió unirse a Pavarotti y a Aldemaro allá en el cielo.
Todo un personaje, Marcel…
Yo tuve el privilegio de servirle de intérprete en una de sus visitas a Barquisimeto y les cuento que el señor no era nada fácil de roer. Teníamos una rueda de prensa y él me preguntaba a mí porqué diablos no iba la prensa hasta el hotel donde se estaba hospedando… algo así como «¿¿Por qué me tengo que molestar yo si en el resto del mundo la gente va hasta donde yo estoy??» Buena pregunta.
Se quejaba de todo, andaba de mal humor la mayoría del tiempo. Había que armarse de paciencia y hablarle con respeto, con tranquilidad, explicándole que todo iba a salir bien, que no se preocupara.
Y al final dio resultado porque luego de compartir todo el día, el viejito comenzó a abrirse, a contar de su academia, de su arte, de la Segunda Guerra Mundial, de André Breton, de Chaplin.
Me sentí la mujer más ignorante y más afortunada del mundo al poder estar al lado de una leyenda viviente como Marcel Marceau.
Me dio su dirección postal en París y jamás me atreví a escribirle. Dommage…
Hoy lo recuerdo con mucho cariño y admiración. Y tal como lo he dicho de quienes se han ido recientemente, lamento su muerte pero celebro su vida.
Adieu, Bip!!! Bon courage là-haut!!!

Juan Luis Guerra en la Feria de Barquisimeto


Un señor artista.
Yo lo veía a 2 metros de mí y no lo podía creer. Juan Luis Guerra, músico académico, merenguero de corazón y de cuna , ha traído todo su sabor latino a nuestra ciudad y ha demostrado que todos estos años de talento tienen un peso importante.
Canciones de siempre como «La Bilirrubina», «Ojalá que llueva café», «Visa para un sueño», «Como abeja al panal», «Guavaberry» y las nuevas «Las Avispas» o «La llave de mi corazón» fueron un derroche de energía en el escenario.


La banda sonó fuerte, grande. Claro, estaban todos completos: batería, 4 teclados, 3 percusionistas, bajo, guitarra acústica y eléctrica, trompetas, trombones y 2 saxos; acompañados de cuatro bailarines y los coristas de toda la vida: Adalgisa Pantaleón, Roger Zayas y Juan Aizek.
Hablando de Adalgisa, uno de los momentos más emotivos fue cuando cantaron juntos «Como abeja al panal». Qué bella voz tiene esta mujer… ¡y cómo sabe conquistar al público con una sola canción!
Aplausos para ella.


Juan Luis tuvo también un momento dedicado a Dios, cantándole el tema cristiano «Tan sólo he venido» y terminando con el versículo de Juan 3:16.
Más tarde, en un descanso del artista, los percusionistas se adueñaron del show y empezaron a bailar como locos delante de la gente, sin coreografía ensayada, sin poses y conscientes de sus barrigas y sus cauchos, pero con ganas de divertirse. Los tres pusieron el toque de «fiesta de panitas» en la tarima. Genial.

Luego de un BIS, Juan Luis se despide finalmente con «Guavaberry»: Quiero vivir junto a tí en San Pedro de Macorís… Toda Barquisimeto estaba brincando!!!
Juan Luis Guerra ha sido escogido Personalidad del Año para el Grammy Latino y realmente, se lo merece con todas sus letras.
Es músico y además, es gente. Que Dios le siga regalando éxitos.


PD: Lo malo: no dio rueda de prensa. Nos quedamos esperando todos.
Lo feo: el aire acondicionado de la sala de prensa se incendió poco después. Menos mal que ya yo me había ido.
Lo bueno: Con este concierto cerró la XXXV Feria Internacional de Barquisimeto.

"¡Pase adelante!!! ¡Adoctrinamos gratis!!"

Ayer durante la visita que hice a la Feria Internacional de Barquisimeto, entre stands de artesanía, comida, celulares y demás, me encontré con un espacio identificado con el nombre «Frente Francisco de Miranda».
Realmente habría seguido de largo… de no ser por toparme de frente con este afiche:

¿Qué vaina es esta? – me pregunté – y me acerqué al muchacho que estaba «dando información».
Resulta que esta organización (o como le quieran llamar) trabaja directamente con las comunidades a nivel nacional para «enseñar» lo que es el socialismo y hablar de los perjuicios del capitalismo.
Los instructores y dirigentes van a Cuba a formarse y regresan para difundir los preceptos comunistas (quitémonos las caretas y digámosle por su nombre, coño). Se dirigen a las misiones, especialmente a la nueva llamada Misión Che Guevara y desde allí convencen a todos de que la Revolución es el camino correcto.
Y no sólo eso, tienes derecho también a una imitación express del discurso chavista de siempre: te hablan del enemigo imperialista, de la manipulación mediática, de Fidel, del Che, bla, bla, bla. Y por supuesto, te hacen una invitación a apoyar la Reforma Constitucional, no faltaba más.
Todo esto bajo el lema principal del Frente Francisco de Miranda: «Comandante Chávez: ¡Ordene!»
Yo, al principio, no quise polemizar pero de verdad llegó un momento en que no me aguanté y me enfrasqué con el tipo en una discusión política enérgica. Fuimos muy civilizados, eso sí, pero igual nos dijimos cada uno «nuestras» verdades.
Lo que casi me sacó de mis casillas fue cuando me dijo «Quizás te falta un poco de conocimiento…» Qué arrecho!!! De paso, me llamó ignorante!!!

Frases destacadas de mi interlocutor:

-«El enemigo es el Imperio»
– «Antes PDVSA la manejaba Bush»
– «Si sacaron a los empleados de PDVSA fue por algo»
– «Nosotros confiamos en el comandante. Él lucha por el pueblo»
– «Nuestra guerra es ideológica»
– «Los medios de comunicación mienten»
– «La Revolución trae consigo el Hombre Nuevo»
– «Tenemos las franelas del Proceso»

Lo que más me indigna es que, dentro de los elementos bonitos de disfrute de la Feria, se atrevan a instalar un puesto de ideologización barata como este, para convencerte de que el comunismo es lo que tú necesitas.
¡¡Qué descaro!!!

Yo sólo quería una noche

… y en una noche debimos quedarnos.
Yo te habría recordado para siempre como un ídolo y no hubiese tenido tiempo de enterarme de todos tus vacíos.
Sólo me quedaría el recuerdo maravilloso de tu cuerpo y jamás me habría dado cuenta de la enorme brecha intelectual que nos separa.
Hubiese sido perfecto.

Tú me habrías recordado siempre con pasión y no te habrías fijado si se me notaba el cauchito a plena luz del día. Te habrías llevado sólo una imagen sensual de mí y no tendrías que calarte mis malcriadeces y mi paranoia.

Ahora que prefiero estar en paz que sentirme invadida por tus cambios de humor; ahora que prefiero trabajar que ir corriendo a buscarte, recuerdo que desde el primer momento en que te vi sólo quise eso: una noche.
Y en una noche debimos quedarnos.

Aplausos, Aldemaro!!!!!

Cónchale… Aldemaro murió.
Ya estaba viejito, cansado y bastante malito de salud. Es que sesenta años siendo pianista, arreglista, compositor, director, guitarrista y uno de los mayores valores venezolanos de todos los tiempos, agotan a cualquiera.
Cuenta mi abuela, Esperanza Peraza Romero, su prima, que Aldemaro era un echador de broma profesional. Inteligente y extremadamente talentoso desde chiquito; el orgullo de la familia, pues.
Recibió a mi abuelo Ricardo en su casa de Caracas cuando se fue a estudiar para allá. Ambos tendrían unos 20 años y se volvieron compinches desde el principio.
Me dio mucho pesar tener que ser yo la que le diera a Aldemaro la noticia de que el abuelito había muerto. No lo podía creer, así como yo tampoco puedo creer hoy que sea él quien se haya ido.
Y pensar que lo vi hace poco en un concierto de Huáscar Barradas en el Teresa Carreño… sí, lo vi viejito y un poco lento al caminar pero no como para morirse tan pronto.
La vida es así, ¿no? Hoy estás y mañana no.
Lo que sí hay que reconocer es que Aldemaro no desperdició ni un solo momento de sus 79 años. Y creo que aparte del legado musical que ha dejado para Venezuela y el mundo, también dejó la enseñanza de pasar por la vida con un propósito, de permanecer en el tiempo y dejar una huella.
Que Dios lo reciba con honores y, si es posible, con un piano para que siga haciendo música en el cielo…
Aplausos al maestro de la Onda Nueva, aplausos al músico académico por excelencia de Venezuela!!
Aplausos, Aldemaro!!!

Les dejo mi canción favorita de Aldemaro Romero: «De Conde a Principal».

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La angustia de Fabiola

Una semana ya.
El calendario dice que ya debería haber llegado, ¿qué pasó? Ella sabe que él no terminó adentro, sí, pero también sabe que algunos soldaditos pueden escaparse antes y llegar a donde no deben.
“Embarazada, qué bolas. ¿Cómo me puede estar pasando esto a mí?”

Fabiola empieza a buscar por Internet y pronto se da cuenta de que hay todo un mundo de embarazos, abortos, píldoras y miles de testimonios de gente anónima en la red.
En una página le hablan de una pastilla que resuelve el problema en cuestión de horas y en otro sitio le ruegan que se tranquilice y se quede con su bebé.
Algunos hablan de cosas horribles, de sangre, infección, muerte. Otros tienen colores rosados y azules y le hablan como si ya fuese mamá… Fabiola no sabe qué carajo pensar.
Los foros, las preguntas y los consejos de cientos de mujeres la hacen sentirse acompañada pero no terminan de darle una solución.

Luego de una noche de insomnio, donde sólo Internet y la televisión logran apaciguar la ansiedad, Fabiola decide levantarse temprano, bañarse y caminar hasta el laboratorio más cercano.
“Una prueba de sangre será lo más seguro, esas de orina y la paletica azul no las entiendo ni me parecen confiables”.

Fabiola no tiene hambre, no da los buenos días, ni siquiera se peina.
Camina lento, como quien no quiere llegar a su destino, como quien no quiere enfrentarse con una realidad que no estaba en el plan.
Al llegar, le toman una muestra de sangre y la bioanalista se da cuenta de que el brazo le tiembla. Tanto así que decide ponerle un sello especial a la orden escrita: URGENTE, un reflejo exacto de lo que se ve en los ojos de la paciente.
“Para hoy a la una puedes buscar el resultado”.

A la una en punto, sin almuerzo y sin palabras, llega la muchacha, con más ganas de salir corriendo que de terminar de saber.
Mira el sobre y no se atreve a abrirlo, sólo recuerda las palabras de su mamá aquella vez que dijo “Cuídate, carajita. Cuidado con una vaina”.
Pero Fabiola se arma de valor y se refugia en los buenos designios del cielo, que le brindan un poco de calma: “Que sea lo que Dios quiera”.

Abre el sobre, saca el papel y lee…
Negativo.
Toma aire y finalmente respira completo por primera vez en tres días.
Cierra los ojos en señal de alivio y da la vuelta para volver a casa, sintiendo otra vez que tiene hambre, calor y ganas de llorar. Que está viva, a salvo.

Sin embargo, caminando de regreso siente una nostalgia extraña… se pregunta qué hubiese pasado si el resultado fuera otro.
Qué contradicción. De repente siente ganas de darle un beso a una nariz chiquitita o de cantar una canción para dormir.

Entre triste y alegre, se dice a sí misma: “Más adelante, Fabiola, más adelante…”

Quien pudiera guardarte en un perfume

Todavía recuerdo la primera vez que tuve la valentía de acercarme a tu cuello y respirarte de cerca. Tuve para mí ese olor particular, hermoso, fuerte, masculino.
Sí, un hombre que olía a hombre. Vaya delicia…
Y no era un sabor artificial, no era colonia, ni desodorante ni crema de afeitar. Eras tú.
Era cada uno de los poros de tu espalda, eran tus manos, un poco de sudor divino mezclado con el aroma de tu cabello.

En ese momento comprendí mejor a Jean Baptiste Grenouille cuando quiso concentrar el olor de sus mujeres en un frasco de perfume. Ahora comprendo que no era realmente un asesino sino un loco sediento de la fragancia corporal.
Nunca me habría imaginado a mí misma en una sensación tan básica, tan animal.

Hoy, que la distancia nos separa y los días van corriendo sin verte, un recuerdo nasal me lleva directamente hasta tu cuello y me calma mientras te espero.
Ojalá pudiera yo también guardar tu esencia en un frasco…

Sí se puede tener todo…


… pero no al mismo tiempo.
Entiéndelo: no puedes hacer un postgrado en el exterior y al mismo tiempo tener un bebé. No puedes crecer como quieres en la radio y, al mismo tiempo, ser experta en comunicación corporativa, corresponsal del extranjero, guionista, productora, profesora en otro estado, propietaria de una franquicia, animadora de TV y estudiante de música.
Y no es que tus capacidades no lleguen a esos niveles, al contrario, puedes hacer eso y más. Pero, créeme, no al mismo tiempo.
No sé por qué tienes esa carrera loca contra el tiempo como si alguien te hubiese puesto un cronómetro en el cerebro. ¿No eras tú la que decía «Lo más bonito del camino será recorrerlo»??
Por otra parte, tampoco puedes ser novia y hablar de vidas juntos y, al mismo tiempo, pretender que eres sólo una «amiga con derecho» y que eres dueña de tu libertad. Decídete, pana.
Tienes que establecer un filtro, establecer prioridades y también aprender a decir que NO.
Algún conejo se te va a quemar… ¿o debo decir que ya se te quemó?