La angustia de Fabiola

Una semana ya.
El calendario dice que ya debería haber llegado, ¿qué pasó? Ella sabe que él no terminó adentro, sí, pero también sabe que algunos soldaditos pueden escaparse antes y llegar a donde no deben.
“Embarazada, qué bolas. ¿Cómo me puede estar pasando esto a mí?”

Fabiola empieza a buscar por Internet y pronto se da cuenta de que hay todo un mundo de embarazos, abortos, píldoras y miles de testimonios de gente anónima en la red.
En una página le hablan de una pastilla que resuelve el problema en cuestión de horas y en otro sitio le ruegan que se tranquilice y se quede con su bebé.
Algunos hablan de cosas horribles, de sangre, infección, muerte. Otros tienen colores rosados y azules y le hablan como si ya fuese mamá… Fabiola no sabe qué carajo pensar.
Los foros, las preguntas y los consejos de cientos de mujeres la hacen sentirse acompañada pero no terminan de darle una solución.

Luego de una noche de insomnio, donde sólo Internet y la televisión logran apaciguar la ansiedad, Fabiola decide levantarse temprano, bañarse y caminar hasta el laboratorio más cercano.
“Una prueba de sangre será lo más seguro, esas de orina y la paletica azul no las entiendo ni me parecen confiables”.

Fabiola no tiene hambre, no da los buenos días, ni siquiera se peina.
Camina lento, como quien no quiere llegar a su destino, como quien no quiere enfrentarse con una realidad que no estaba en el plan.
Al llegar, le toman una muestra de sangre y la bioanalista se da cuenta de que el brazo le tiembla. Tanto así que decide ponerle un sello especial a la orden escrita: URGENTE, un reflejo exacto de lo que se ve en los ojos de la paciente.
“Para hoy a la una puedes buscar el resultado”.

A la una en punto, sin almuerzo y sin palabras, llega la muchacha, con más ganas de salir corriendo que de terminar de saber.
Mira el sobre y no se atreve a abrirlo, sólo recuerda las palabras de su mamá aquella vez que dijo “Cuídate, carajita. Cuidado con una vaina”.
Pero Fabiola se arma de valor y se refugia en los buenos designios del cielo, que le brindan un poco de calma: “Que sea lo que Dios quiera”.

Abre el sobre, saca el papel y lee…
Negativo.
Toma aire y finalmente respira completo por primera vez en tres días.
Cierra los ojos en señal de alivio y da la vuelta para volver a casa, sintiendo otra vez que tiene hambre, calor y ganas de llorar. Que está viva, a salvo.

Sin embargo, caminando de regreso siente una nostalgia extraña… se pregunta qué hubiese pasado si el resultado fuera otro.
Qué contradicción. De repente siente ganas de darle un beso a una nariz chiquitita o de cantar una canción para dormir.

Entre triste y alegre, se dice a sí misma: “Más adelante, Fabiola, más adelante…”

10 comentarios en “La angustia de Fabiola

  1. Y yo que sueño con un positivo!

    Llego también temblando y no como ni duermo al pensar que será «NO» de nuevo, y me pongo triste y lloro al saber que será luego.

    Y me repito ¡Tiene que ser ahora, tiene que ser ahora!

    Las vainas de la vida amiga…

    Un beso!
    Karelia

  2. Este historia me trajo a la mente tantas vivencias de mis amigas y mías. Recuerdo 9 mujeres (compañeras de residencias y universidad todas) buscando el resultado de una de ella y cuando se bajan del carro, lo primero que se encuentra “mi Fabiola” es un escarpín azul, como que si estuviesen prediciendo que estaba embarazada de varón, como efectivamente fue. Otra vez, 7 mujeres buscando el examen y la misma angustia de quien lo lee, y la que lo hace Ingenuamente pregunta: «¿positivo es bueno o es malo??…» DIOXXXXX…. El más típico, coño manita, no sé, estoy asustada, préstame un calendario, y empieza 1,2,3,4,5,¿cuándo fue que me vino??1,2,3,4,… ¿¿cómo es qué es el método del ritmo,??? hay coño, yo como que perdí el paso… vuelve a contar… Coño, quien me manda,…. Dios, creo que todas las mujeres, por muy correctas, por muy perfectas, por muy planificadas, pasamos por esto por lo menos una vez, y esa sensación de estoy y que hago??? Qué voy a hacer???, y de no lo estoy, y si es que no puedo tener niños??? es indescriptible….

  3. Chama… es que la vaina es de lado y lado.
    Yo siempre digo que mi mejor amiga es la maruza. Y es burda la fé que le tengo.
    Desde que leí que hasta en el liquido seminal se van los panitas de uno, ni de vaina… ni de vaina!!
    Besos chama… tengo tiempo sin verte… espero que se pronto, por que sí no… será dentro de mucho tiempo.

  4. uuuuf esto me recuerda lo que me pasó hace aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaños con una antigua novia… los dos estábamos blaaaancos como el papel… cuando vimos «NEGATIVO» fue como si nos quitaran un peso de encima…. entiendo a «Fabiola» jjejeje» Slds mi loca»

  5. Yo estuve en ese baile de angustia hace dos años… No se lo deseo a nadie. Lo «divertido» es que cuando salió negativo, al mes terminamos, porque yo abrí la bocota y dije «cualquier cosa lo poníamos en adopción»… ANIMAAAAAAL… En retrospectiva, debí haber dicho que bienvenido sea, así no lo sintiera!!! De hecho si vuelvo a pasar ese susto eso es lo que diré y haré.

  6. En Mexico el aborto es legal. Para la proxima «Fabiola» o como se llame se puede acercar hasta alla si es que tiene el dinero y solucionar el problemita, para que no tenga estorbos en su desesperado camino al «exito»

  7. Pingback: Mi relato en Kala Editorial « Andreina de los Angeles

  8. BUSCANDO informaciòn turistica, descubri tu espacio y no he parado de leer tus historias.. me encantan tus relatos, como escribes y lo increible de la naturaleza humana en la que a pesar de ser extraños podamos tener tanto en comun. te cuento las tres caras que he vivido afines a esta historia:
    – la angustia de espera un negativo que gracias a dios llegó-
    – la angustia de esperar un negativo ( quizas en el fondo un positivo), y Caramba! llegò el gran POSITIVO EN AQUELLA hoja, cambiando mi vida y siendo la mejor noticia recibida.
    – años despues angustia esperando un segundo positivo en mi vida, que aun no ha llegado, nada que llega, hasta que ya casi dejas de esperarlo y solo lo dejas en manos de la vida….. que ella decida. me encantan tus historias me las estoy devorando.

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