Falda plisada y medias blancas

Por cosas del destino, Dios me regaló un rato libre inesperado… y yo decidí llenarlo de nostalgia pura. Creo que mi carro se manejó solito por la montaña hasta llegar a mi viejo colegio, quizás para mostrarme que algunas cosas se mantienen intactas en el tiempo y el corazón.
En la puerta, una monjita vestida de blanco me recibe con una sonrisa llena de curiosidad y para mi propia sorpresa, el saludo me salió tan natural como hace 20 años:
“Viva Jesús, sor…”
“Viva María, buenos días” me respondió la hermanita.
Sólo eso bastó para verme a mí misma nuevamente con falda plisada y medias hasta la rodilla, cantando el himno nacional y orando en grupo.

La gruta del jardín, el patio donde jugábamos pelota y donde nos peleamos varias veces… La capilla donde íbamos a misa todos los miércoles sigue oliendo al mismo perfume de madera, las escaleras donde presenté mi obra de títeres siguen aplaudiendo el éxito de ese día y los bancos donde esperaba que mi mamá viniera a buscarme ya no son de color naranja sino azules.
Pregunté por mi favorita, Sor María Eugenia, y alguien respondió que había llegado a ser directora del colegio. ¿Y quién sino ella podía serlo?
Mentalmente, me puse a hacer una lista de mis compañeras y me di cuenta de que recuerdo sus caras pero no todos sus nombres. También volvieron las excursiones, las obras de teatro y aquella vez que las hermanas nos llevaron a la piscina… qué época tan sencilla, tan bonita.

En medio del pasillo, me pregunté internamente si me había convertido en la mujer que me imaginaba que sería… y creo que de alguna forma, sí.
Pienso que, en su inocencia y con las ganas de vivir que tenía, la niña de medias blancas se habría sentido orgullosa…

Eficiencia por obligación

Entrevisté a una mujer llamada Angélica cuyo récord laboral es impecable.
Su administración del tiempo es impresionante, su eficiencia es digna de admiración. Cuando por fin le pregunté cómo demonios hacía para ser tan eficaz, su respuesta me sorprendió totalmente:
«No tengo más nada que hacer»- me dijo.
«No tengo hijos que cuidar ni un esposo que atender, la muchacha de servicio limpia la casa y lava la ropa. No pongo flores en la mesa ni riego las plantas por las tardes, no tengo a nadie a quien cocinarle… ni siquiera tengo una mascota a quien alimentar o hacerle cariñitos en la barriga. Sólo tengo un sola cosa que hacer: trabajar. ¿Cómo podría hacerlo mal?»
Angelica está dispuesta a cualquier reunión de negocios que se presente, a cualquier contrato jugoso que se asome, a toda oportunidad de crecimiento profesional que le llegue a las manos. Angélica tiene jornadas de 12 horas de trabajo y parece no cansarse nunca.
Sin embargo, hoy adiviné en sus ojos que no se cansa físicamente… pero el alma la tiene exhausta.

Papi, dame leche… (2a parte)

Viene de «Papi, dame leche«

Revisada la pintura de los labios y con mi sonrisa más encantadora, entré a la panadería cual chica 2001, enfilada directamente hacia mi objetivo, perdón, hacia el panadero:

“Hola, mi amor!!!! disculpa, he sido una grosera.. Tú siempre tan amable y yo nunca me he presentado… Andreína, mucho gusto… “

“Mucho gusto, mamita, yo soy Carlos. Bueno, tranquila, no habíamos tenido chance de conocernos… aunque yo siempre te veo por ahí, mi reina…”

“Ay Carlitos, papi… ¿te puedo llamar Papi, verdad? Tú y yo ya estamos en confianza, nos vemos todos los días, mi amor, ya casi amanecemos juntos…”

“Usted me llama como usted quiera, mi reina. Dime, mami, ¿qué se te ofrece?”

“Cónchale, papi, sabes que en la casa no hay leche y bueno, la estamos pasando mal ¿ves? Mi mamá, tu futura suegra (guiño de ojito) está bravita porque no tiene como tomar café ni preparar puré. Yo ya no sé qué hacer, vale… ¿Será que aquí hay? Tú me puedes ayudar, mi amor?”

“Bueno, ta’ difícil… pero a usted, mi reina bella, yo se la consigo. Espérame por la puerta de atrás que salgo ahorita. ¿Cuántas quieres?

“Bueno, mi amor, si me puedes sacar cuatro litros, eso sería lo máximo!!!”

El panadero desaparece y yo me dirijo a la puerta de atrás, con los nervios de punta, pensando: “¿Y si este tipo me mete mano o algo? ¿Pa’ qué me habrá mandado a venir por aquí, donde no hay nadie? Ay Dios, quien me manda a estar inventando vainas. Y estas tetas afuera!!!! Qué loca de carretera!!! Bueno, que sea lo que Dios quiera…”

5 minutos de espera y nada. 10 minutos más de zozobra y nada.
“Coño, ¿será que el hombre este me está vacilando o qué? Y yo más gafa, creyéndole que me va a conseguir cuat… Ay, Carlitos, aparecisteeeeeee!!”

El tipo sale finalmente, asustado, mirando pa’ todos lados, como si estuviera robando un botín y temiera que la policía nos agarrara con las manos en la masa…

“Mira, mamita, te saqué los cuatro litros que me pediste pero mosca, que no te los vean… Eeeeeeeeeepa, yo no te había visto de cerca, mi reina, ¿todo eso es tuyo? ¿Qué hay que hacer pa’ comer en esa fiesta, mi amor?

“Ay chico, tú sí eres gracioso… jijijiji (la risa más nerviosa de toda Venezuela) ¡Ay gracias, Carlos!!!! Eres un sol, papito. Cuídate mucho, chauuuuuu… “

“Pero, mami ¿No hay un besito pa’ los panas?

“Ay, mi lindo, no vayas tan rápido, todo a su tiempo… “

RRRRRRRRUUUUUUUUUUUUUNNNN!!!!!!!!!!!!!!
Jamás en la vida había arrancado yo el carro tan rápido. El corazón me palpitaba como si se me fuera a salir!!!
Y lo peor es que hoy, tres días después, ya lo que queda es medio litro…. pero no, pana, que vaya mi hermana ahora a levantarse al panadero. Ya yo pasé mi susto.
Es lamentable que tengamos que llegar a estos extremos por un alimento que antes se conseguía en todas partes. Y no hablemos de azúcar o pollo. Coño!!! ¿Qué es lo que pasa en Venezuela?

Creo que ahora entiendo mejor a las cubanas … ¿“jineteras” es que las llaman?