Esperanza de Mayo

Girasol Apareciste.
Como quien está signado por el destino y no puede evitar ser movido por unos hilos desconocidos, apareciste… veinte años después.
Yo sólo recordaba tu nombre y quizás tu color de piel, nada más. Ni siquiera un juego en el recreo, o una merienda compartida o una tarea difícil. Nada.
Pero una infancia en común era suficiente para dar paso a una afinidad importante. Quizás el campo, los amigos y nuestros padres habían preparado un terreno que nunca imaginamos sería tan fértil…

Es paradójico. Ya no estamos tan cerca como en ese tiempo pero tu presencia es constante… y desde hace algunos días, maravillosamente necesaria.
Ya sabemos lo que la lógica nos ha gritado a cada uno: Este amor es imposible, es una pérdida de tiempo, es estúpido. La distancia y la razón le ponen peso a los pies para que no sigamos flotando y nos concentremos en lo terrenal.
La realidad aplasta.

Pero entre tanto raciocinio, la ilusión y la esperanza se han llenado finalmente de coraje y se han atrevido a hacer una pregunta: “¿Y por qué no?”
Ambas tienen razón… ¿Por qué un amor como el nuestro tiene que estar condenado por la distancia? Si la distancia se desecha con un avión que llega en cuestión de horas… Si luego de burlar esos kilómetros, tendremos algo interesante que contar a los nietos… bien vale la pena.

La racionalidad es importante, cierto. Si lo sabré yo que vivo llena de razones cerebrales y realidades descomunales… Pero por Dios que este amor que me da alegrías hermosas y de vez en cuando me hace doler el pecho, es mucho más real que otros amores de humo que desaparecen con la luz del sol.
Es más real sentirte desde adentro y necesitarte a cada instante que habernos conocido por aquí cerca y olvidarnos en cuestión de días, como de costumbre.
Es más real para mí quedarme a hablar contigo dieciséis horas seguidas y aún así no querer despedirme.
Si no es real para los demás… pues que se vayan, no los necesitamos. Lo importante es que sea suficientemente real entre tú y yo, y eso está más que demostrado.

La cita se ve lejos, lo sé. Cinco meses pueden parecer demasiado cuando las ganas de abrazarte son tan inmensas, pero si la esperanza escogió la primavera para nuestro encuentro pues… que así sea.
Hasta Mayo, amor mío…