Nostalgia ajena… y mía

Pones su foto en la pared, como si no quisieras que se te olvidara su rostro. Como buscando que su mirada azul te acompañe mientras cocinas y te regale un poquito de la magia que sigue calentando tus rincones. Como si estuviera de verdad allí contigo y casi pudiera dirigirte la palabra.

Hablas de ella constantemente, como quien no quiere que su esencia deje de flotar en el aire y te llene los pulmones. Cuentas como le gustaba comer chocolate de madrugada, relatas sus historias de universidad, extrañas sus ronquidos y sigues admirando esa sangre mezclada que te enamoró para siempre.
Hablas de ella para que no se vaya… para que no se termine de ir.

La gente no se explica como una pareja hermosa como ustedes haya podido romperse. Nadie sabe cómo pudo haber sucedido, ni siquiera tú.

Y sé que tratas de seguir adelante, como lo intento yo. Repartes besos, sales a divertirte y recibes amores nuevos en tu cama… pero ninguno encaja en el molde que ya tenías fabricado en tu corazón. Conozco esa sensación… vaya que la conozco. Me he convertido en toda una experta de los amores que no encajan, que no llenan, que no son suficientes.

Eres mi sangre y te quiero… y sé que irás soltando su recuerdo poco a poco.
Pero no tengas miedo a olvidar porque, afortunadamente, aunque olvides nunca perderás el perfume de la alegría vivida, al contrario, ese siempre vendrá a reconfortarte y a inspirarte una sonrisa.
Y no te lamentarás porque se haya terminado, sino que te sentirás agradecido por haber recibido el regalo de una experiencia inmensamente feliz.

Por lo pronto, permíteme acompañarte desde lejos en esta nostalgia bonita y profunda, hasta que te des cuenta – como debo hacerlo aún yo – de que el molde que te hiciste no se va a volver a llenar. Hay que construir uno nuevo.
Pero no te apures, todo a su tiempo…

La vie en rose… Edith Piaf en la piel de Cotillard

La vie en rose

Sí, muy tarde, lo sé. Pero la ví finalmente.

Debo confesar que no tenía idea de que la vida de Edith Piaf hubiese sido tan atormentada. Y vaya que esta película me tomó desprevenida con tantas desgracias concentradas en hora y media.

Es una belleza de película, aunque como ya algunos sabrán, el hecho de que sea francesa ya tiene conmigo una ventaja inmensa.

Ahora bien, La Vie en Rose me ha cautivado también por logros técnicos importantes: una recreación de época muy bien lograda, con vestuarios, carruajes, escenarios y el aire parisino de 1930; pero sobre todo, un maquillaje impresionante donde la protagonista se pasea entre la juventud y la vejez sin perder la credibilidad ni siquiera un segundo. Un maquillaje merecedor del Oscar 2008, tal como fue.

Pero a quien quiero hacer realmente una reverencia es a la actriz francesa Marion Cotillard. Al verla ganar el oscar este año, obviamente ya podíamos adivinar que su performance había sido brillante.

Pero no, cuando uno ve la película, se da cuenta desde el primer momento en que aparece la actriz, que la palabra Brillante es una palidísima descripción. La actuación de Cotillard es MAGISTRAL. De por sí, la responsabilidad de interpretar a Piaf ya era enorme. Los amantes de la Chanson Française y por supuesto, los delirantes de Piaf podían destrozarla en instantes si tropezaba en su actuación.

Pero Marion se metió en los huesos la personalidad de Piaf. Se puso sus ojos, su espalda encorvada, su boca roja, su voz inconfundible y su estillo arrogante. Y ganó. No sólo el Oscar, ganó el respeto de una actriz consagrada. Y a nivel más personal, ganó mi humilde admiración.

Si tienen oportunidad, vayan a ver La Vie en Rose (La môme) porque es magnífica. Vale la pena doblemente: por Edith y por Marion…

Para escuchar la banda sonora y saber más del filme, entra aquí: Edith Piaf- La Môme

Rayuela … à Paris

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Rayuela. Julio Cortazar

Lu à Paris le 9 avril 2008 à l’abri d’une couette à plumes de canard…

Lo mejor de Francia

Escargots

Desde la primera vez que vine aqui, me hacen una pregunta recurrente: Qué es lo mejor de Francia? Desde ese momento hasta el dia de hoy (que vuelvo por sexta vez), puedo confirmar sin dudas lo que digo siempre: la comida.

Una Blanquette de Veau (ternera con salsa de champinones y olivas), una deliciosa Quiche Lorraine, una Ratatouille, una fondue bien calentita, un bello plato de caracoles o la mas sencilla crêpe de la calle son apenas una muestra de la mejor cocina del mundo. Solo por la oportunidad de degustar estas bellezas culinarias, ya valio la pena cruzar el Atlantico.

Insisto: por donde se le mire, es todo un privilegio estar aqui…

Couleurs différentes…

Couleurs

Yo vivo rodeada de amarillos, de naranjas, de ruido en las calles. A mucho orgullo grito al mundo que aquí el invierno es un perfecto desconocido y por Dios que un sonido latino me pone la sangre en ebullición.
Yo vengo de un país donde la gente se trata de “Mi amor, mi vida, mi cielo..”, nos entregamos, somos apasionados, ardorosos. Me involucro y te involucras… aunque sea por un fin de semana.

El, en cambio, conoce de grises, de tangos oxidados y de una nostalgia mezclada con desprendimiento. No entiende mi lírica, mi necesidad de romanticismo escrito, mis ganas de disfrutar de un sueño aunque la realidad sea aplastante. Se toma todo a pecho porque cree que puedo perder la cordura y saltar al vacío llevándole de la mano.

Le aterra mi emoción… y finalmente, ha logrado contagiarme. El amarillo del principio se ha vuelto ocre y ya no sé si tengamos realmente algún matiz en común. Dommage…

Qué fácil era relajarse y vivir un momento de fuego. Creo que lo analizamos tanto que la magia se perdió entre la materia gris. No. Lo que en realidad pienso es que mi exceso de efervescencia (herencia materna, no hay nada que hacer) envió un mensaje equivocado y terminó por ahuyentarlo.

Ante el espejo, me pregunto otra vez: ¿Es hora de que abandone mis amarillos y me vuelva más gris?
Automáticamente, como si no necesitara pensar nada, el reflejo me devuelve la respuesta única: Jamás