Fábrica de mariposas

No te sigas esforzando, amor mío.

Ya está bien, ya probaste que puedes intentarlo y con eso me basta. Sé que tienes toda la buena intención del mundo para construir un amor bonito conmigo… pero también sé que a pesar de tus esfuerzos, no hay ningún sentimiento que te salga de las entrañas.

Aunque no lo diga, me doy cuenta de que la magia que hubo entre tú y yo se fue de viaje y muy probablemente no regrese. Me doy cuenta de que yo te abrazo y tú contestas con una sonrisa nerviosa. Me doy cuenta de que nos falta pasión, deseo, cosquillitas. Yo quiero con todas mis ganas que me pongas contra la pared y me des un beso … y tú te despides con un respetuoso «Hasta mañana».

Te lo dije: si no sientes mariposas en el estómago, no hay nada que hacer. Las ganas nacen o no, se sienten o no… pero definitivamente no se pueden fabricar.

No le pongas más empeño, mi vida. Aprecio tu esfuerzo y sé que lo haces con toda nobleza, pero no quiero sentir que estoy mendigando el amor de nadie. Siempre podremos seguir siendo amigos, conversar, entendernos. No estoy saliendo de tu vida para siempre, sólo estoy señalándote la verdad.

No sigas luchando para lograr un producto. Tu amor debe ser espontáneo, sincero, genuino.

Si lo fabricas no sirve.  No me sirve.

PD: Quizás lo entiendas mejor si lo escuchas de Pablo.

Sólo esta noche

Mañana voy a sentirme infinitamente mejor, lo sé.

Pero hoy voy a pedirte que me dejes vivir esta tristeza hasta el fondo. Déjame escuchar canciones de esas que cortan las venas, déjame leer poemas y sentarme a compararlos con mi propia historia frustrada. Déjame ponerme intensa con estos asuntos del corazón, que pocas veces tengo la valentía de permitir que el amor me vuelva mierda.

Déjame ser protagonista hoy de un drama griego… que ya mañana volveré a vivir la realidad y a reírme de esta estúpida melancolía.

Pero hoy todavía quiero que mi almohada me acompañe a llorar un rato antes de dormir. Hoy todavía quiero que el corazón me palpite lento, cansado… porque no desea volver a acelerarse ni por él ni por nadie.

Mañana me maquillo y me pongo la blusa más bonita, pero hoy déjame usar mi franela vieja y que se me vean las ojeras…

Mañana vuelvo a ser la periodista equilibrada, la que persigue presidentes y cubre política internacional… pero esta noche permíteme sentirme escritora de novelas rosa, déjame ser romántica hasta rayar en lo ridículo. No tengo nada que perder.

Esto pasará mañana, no te preocupes. Prometo que con la luz del día yo volveré a ser la mujer más racional, eficiente y entusiasta de este mundo… como de costumbre.

Pero esta noche, sólo esta noche, déjame llorar que se fue… y ayúdame a reconocer que, a pesar de todos mis esfuerzos, no me cabe la tristeza en el cuerpo.

Olores que matan…


Ya he dicho otras veces que de todas las experiencias sensoriales, la que me resulta más sensual es el olor. Y cada vez me convenzo más de que esa debilidad juega en mi contra.

Estoy en ese proceso de concentrarme en las cosas importantes y olvidarme de tus abrazos. Casi lo logro… pero por Dios que cuando me encuentro con tu olor divino en mis espacios, el proceso se revierte.

Te lo dije desde el primer día, sin ningún tipo de verguenza: «Hueles rico…» Pero no me imaginaba que eso iba a dejarme indefensa ante tu recuerdo más tarde. Mi abrigo amarillo todavía guarda tu esencia y ni siquiera abriendo las ventanas de mi carro toda la noche logro que se vaya tu olor.

Lo peor es que no metí toda la ropa en la lavadora… porque en el fondo, disfruto encontrar tu perfume escondido en un pliegue de tela.

Yo prometo olvidarte, está bien… pero por favor, llévate tu olor contigo. Me está matando.

Creo

Creo en la luz que veo en mis propios ojos cuando me siento bendecida por Dios.
Creo en mi conciencia que nunca se ha equivocado y siempre me grita con voz ahogada, desesperada cuando no la escucho.
Creo en el amor, aunque me siga dando coñazos.
Creo en la palabra firme de un hombre bueno y noble.
Creo en los que saben reconocer el momento justo de regalar una rosa o dejarse regalar un beso.
Creo en mí misma y en mis capacidades, en mi rigor para que todo se haga bien.
Creo en mi sobri Daniel, que es la pureza concentrada en un bebé. Una fuente de ternura que renueva los ánimos y le pone brillo a los días.
Creo en prohibir que un día se parezca a otro.
Creo en rezar antes de acostarse para dormirse arrullado desde arriba. Creo en mi propia religión donde soy la niña de Dios y le pido las cosas como quien se las pide a “papi”.
Creo en los períodos tristes, que son necesarios para que los alegres se fortalezcan y se mantengan en el tiempo.
Creo en mis amigos, que me ayudan en cualquier situación, cualquier día, a cualquier hora y me hacen simplemente feliz.
Creo en el amor de madre, infinito y entregado. Invaluable y precioso.
Creo en mi cámara fotográfica nueva que me ha dado una visión diferente del mundo.
Creo en la música, en la locura genial de Mozart y en los dedos atormentados de Chopin. En la pintura maravillosa de Leonardo o en una vena de piedra de Miguel Ángel.
Creo en Edith Piaf, con su “voix roulée” que tanto transmite y que no me canso jamás de escuchar.
Creo en la tecnología y sus maravillas aunque se vuelva adictiva. Creo en Facebook, el email y el msn que me han devuelto a muchos que creía perdidos.
Creo en las conversaciones de 16 horas donde el fastidio nunca aparece.
Creo en trabajar hasta la madrugada si eso equivale a dormir satisfecho la siguiente noche.
Creo en la poesía urbana, en el capítulo 7 de Rayuela, en Benedetti.
Creo en el olor a sexo, que le extrae el sentido primitivo a la vida.
Creo en los cambios, aunque a veces dormir sobre el colchón de lo conocido se sienta tan bien.
Creo en soñar y decretar que mis sueños se cumplen simplemente porque yo lo decido así.
Creo en mi propia ingenuidad que a veces me hace tropezar… pero me sigue dando la ventaja de atreverme.
Creo en el perfecto castellano, en un melodioso acento argentino, en un modismo maracucho y en un buen naguará barquisimetano.
Creo en la familia, en las navidades juntos.
Creo en el baile, en la risa, en los abrazos, en los besos y en las manos entrelazadas.

Y sobre todo, a pesar de los altos y los bajos, creo en la teoría que me hace levantarme todas las mañanas: que lo mejor de mi vida está aún por suceder.
Que así sea.

Se me olvidó ser novia

Mariana ha tenido un anhelo encerrado en su corazón durante los últimos tres años… en su cabeza se ha paseado un príncipe azul que llega por fin y le dice que está dispuesto a quedarse.

Este deseo ha estado guardadito desde hace tiempo, esperando ver la luz… y hace poco, por esas telarañas divertidas del destino, alguien se atrevió a decir una frase que Mariana no escuchaba desde la era paleozoica: “¿Quieres ser mi novia?”

Shock total. Estupefacta, petrificada, sin habla y sin razón.

Mariana quiere entregarse sin pensarlo mucho… pero contradictoriamente, se da cuenta de que tres años de soledad han cambiado sus hábitos y su manera de sentir.

Se da cuenta de que antes podía sentirse cómoda con los nombres de cariño… pero hoy se siente ridícula. No sabe dejarse decir “mi amor” o “mi princesa” .

No se encuentra a sí misma asistiendo a una fiesta como “la novia de…” y no está segura de poder dejarse abrazar en público.

No recuerda que un hombre le cediera su abrigo si tenía frío o le diera un beso en la frente para “curarle” la alergia.

Durante estos tres años, Mariana se ha acostumbrado a los amores rápidos, a los que se conforman con una noche de pasión y no les interesa profundizar. Se ha habituado tanto a eso que ahora un amor pausado la confunde, la hace sentirse perdida.

No recuerda que también hay corazones dispuestos a vivir el fuego lento, dispuestos a esperar, a explorar primero por dentro…

Mariana ha visto volver las promesas de amor que se había imaginado… pero aun no logra creer en ninguna. Antes estaba esperando encontrar una nueva ilusión para gritarla al mundo… y hoy que la ha encontrado prefiere callársela, temiendo que se desvanezca.

Mariana quiere confiar, quiere cerrar los ojos y abrir los brazos sin reparos, pero aún le hace falta abandonarse un poco e iniciar un proceso de limpieza interna.

Afortunadamente, ese príncipe que llegó a su vida parecer estar hecho de paciencia. Con cada pequeño beso, con cada palabra dulce le está haciendo recordar, pasito a pasito, cómo se siente ser novia de nuevo…