Buena compañía vs Mal sexo

¿Qué pasa cuando alguien es cariñoso, amable, romántico, atento… pero es un desastre en la cama?
Esa persona que no sabe hacerte el amor, que se pierde al tocar, que no tiene el mismo “swing” que has experimentado otras veces… es el mismo que a la mañana siguiente te prepara el desayuno con dedicación mientras tú todavía no te has levantado, es él quien te pregunta si estás bien y te protege entre sus brazos si el día amaneció frío.
Con él hablas, te entiendes, te identificas. Con él quieres seguir viéndote. Quieres besarle y tomarle de la mano para caminar por el parque.
Te inspira momentos lindos, llenos de cariño…
Pero la otra cara de la moneda te causa bostezos.
El deseo se te diluye cuando piensas que él no es el amante que esperas, el que deseas que te tome con pasión arrolladora y sepa exactamente qué es lo que te hace explotar.
No la pasas mal pero recuerdas que la has pasado mucho mejor.
Quizás habría sido mejor no tener tanta experiencia con la que compararlo… Too late.
A pesar de eso, quieres darle un voto de confianza que se ha ganado lentamente tratándote como a una princesa. Y te preguntas ¿puede ese poco encanto sexual compensarse con buena compañía?
¿Puede una mujer olvidarse de un sexo malo si a la mañana siguiente le traen el desayuno a la cama con una rosa y un beso?  ¿Sería eso engañarse a sí misma?
Algunos dirán “Bueno, en pareja puede aprenderse…”
Y sí, supongo que a eso hay que apostar, a conocerse el uno al otro aunque el proceso pueda ser un poco… eeeeh .. tedioso.
¿Puede el sexo malo convertirse en bueno? ¿… o está destinado de por vida a seguir siendo malo?
No lo sé.

Lejos

Qué ganas de complicarse la vida, de verdad.
Qué ganas de seguir respirando adrenalina y sintiendo que los latidos me van a hacer explotar el cuerpo.
Y qué ganas de salir corriendo nuevamente a tomar un avión y volar a darte un beso, a hacerte el amor, a comerte a pedazos.
A morderte, a chuparte, a lamerte.
A mirarte toda la noche, a acariciarte la espalda, a verte bailar de nuevo y a escuchar ese acento extranjero que me destroza la razón.
He estado recordando cuantas locuras hice por ti y las he vuelto a vivir intensamente: atravesar el océano, caminar bajo rayos y centellas con una sonrisa y recibirte con pasión desde el primer día porque no había otra opción en mi cabeza.
Cómo quisiera poder tomar mi carro y llegar hasta tu casa… lástima que haga falta mucho más que eso para estar juntos.
Casi puedo sentir el calor de tu colcha de plumas, esa que nos hizo sudar en cinco minutos… Casi puedo ver la iluminación de tu cuarto titilando en mis ojos… Casi, casi puedo sentir la textura de tu cabello en mi nariz .
Abro tu Facebook y vuelvo a ver tus fotos mil veces más, como una enferma.
Vuelvo a sonar esa grabación de tu voz que hice sin que te dieras cuenta y me enamoro de tu dulzura otra vez…
¿Por qué no pudiste nacer en la misma ciudad que yo y estar ahora recostado en mi pecho y no pasando frío en soledad?
¿Por qué pareces tan cercano y estás tan terriblemente lejos?
No es justo.