Querido extranjero

Hombre playa

Te abrazo fuerte, demasiado fuerte, como quien no quiere dejarte ir, diciéndote a gritos que sentirte mío es una sensación sublime, aunque luego nos separemos para siempre…

Hoy escucho la música de tu país y recuerdo ese acento que a veces no entendía, pero que me resultaba divertido.
No bailas, pero te gusta verme bailar. Y a mí me gustan tus ojos, tus besos, tu sonrisa, tu fuerza. Me gusta tu vino tinto, tu manera tan artística de ver el mundo y tu frase directa, sin dudas: “Estoy loco por darte un beso”

¿Quién hubiera podido negarse?

Yo me alegro de haberte conocido tan encantador: Te burlas de mis ronquidos, mezclas chocolate con placeres de toda clase y clavas tus ojos en los míos sin pestañear, sin voltear, sin parar. De todos tus encantos, querido extranjero, me quedo con tu mirada para siempre.

Me hablas de tu bandera, de tu vieja capital… y yo sigo admirándote, como quien disfruta de tus imágenes verbales en un álbum infinito. Me llevo tus manos fuertes, tus mordiscos que casi me hacen sangrar, tu ímpetu, tu entrega.
Me llevo el recuerdo de tu intensidad… ¡vaya intensidad, caballero!!!

Aprendo de ti, te pregunto, te escucho… y te deseo. No hay mucho tiempo para saber quién eres, pero tenerte cerca ya es conocerte.
Sólo hay la ocasión de besarte por todas partes y olerte profundamente, para despedirme en la mañana llevándome tu aroma en las manos, ese que me regala tu presencia hasta llegar de nuevo a mi cama venezolana.

Ya estamos lejos, pero sigo mirando tu foto y, a fuerza de imaginación desbordada,  aún te toco, aún te respiro y – sin poder evitarlo-  aún te deseo…

Él no eres tú

Hoy me viste… me viste caminando de su mano, besando su sonrisa, acariciando su cabello. Y como has aprendido a conocerme, tuviste el tino de decirme que me veías contenta, pero que algo triste aún me temblaba en los ojos.

Yo hubiese querido decirte con fría seguridad que estabas totalmente equivocado, que me sentía inmensamente feliz… pero el rostro se me llena de vergüenza antes de mentirte, y lo que es aún peor, cada pedacito de mi cuerpo está desesperado por decirte que sigue loco por ti.

Él no habla tan bien como tú, no es tan alto como tú, y definitivamente no es tan dios como el que yo creé en mi cabeza con tu imagen. Con él me siento acompañada… pero sí, tienes razón, hay algo triste en el ambiente porque, a pesar de todo, él no eres tú.

Sin embargo, quiero decirte algo importante: aunque reconozco que no se siente igual, que la emoción de verle es mucho menor, que no me corre adrenalina por el cuerpo cuando me besa, él te ha superado enormemente en una sola cosa: quiere quedarse.

¿Y tú dónde estás…?