Lo que la razón desconoce

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A veces, lo que la mente trata de negar… el cuerpo lo grita sin reparos.

Mi «yo sensato» se regodea en decir que no me afectan para nada sus patanerías, que estoy por encima de esas bajas pasiones y de esos sentimientos de mujercita. Que soy tan moderna que mantengo la compostura  – y hasta la sonrisa – en esta relación abierta y sin compromisos.

Pero ni mi lado sensato  – ni el absurdo tampoco –  logran entender por qué he llorado tres veces en un día: a las 10 de la noche, a las 5 de la mañana (la peor) y hoy nuevamente al mediodía.

Ni modo. Como bien lo dijo Pascal: «Le coeur a des raisons que la raison no connaît point»

El corazón tiene razones que la razón desconoce.

O no las quiere conocer…

No insistas en lo que hace daño

Aunque te duela el corazón, aunque el alma se te caiga a los pies… tú en el fondo tienes la suficiente entereza para saber que esto te hace daño. Sabes que no hay forma de engañarte a ti misma. Sabes que aunque los besos llenen espacios importantes, no hay labios que justifiquen burlar tus propios estándares.

Reconócete en el espejo y deja de mentirte.  Deja de mirar sus ojos verdes y mira los tuyos propios: oscuros, brillantes y sabios. Incapaces de devolverte un reflejo que no sea profundo y sincero.
Mírate los pies y date cuenta de que te llevan a donde tú ordenes. Te han traído hasta aquí, hasta donde orgullosamente estás parada. No te caigas, no te dejes tambalear. No te entregues por un plato de lentejas que ni siquiera está bien preparado.

Mira tus fotos, mira tu historia. Esa donde has sido feliz sintiéndote segura de ti misma y donde has respetado tus valores.  Y no me digas que es un sermón aburrido. Confiesa que no te sientes bien contigo misma y que incluso esta pálida reprimenda tiene razón.
Se trata de ver el peligro y alejarse de él.   No insistas. Ya tuviste tu cuota de adrenalina y la disfrutaste, pero tanto químico está intoxicándote el corazón.

Abre los brazos, cierra los ojos y llénate de fuerza para poner tu cabeza otra vez en su sitio. Recuerda que relajarse es fácil, dormirse en la piel de otro es cómodo…    pero la verdadera personalidad está en decir basta y volver al cauce, ese donde rigen tus esquemas y se respiran aires de bien.
No insistas. Hace daño.