Tengo edad para tacones rojos

ImageVaya que sí la tengo.  Y no es que no me haya dado cuenta antes, sino que hoy me la estoy disfrutando como nunca.

Hace unos años estos mismos zapatos me habrían quedado grandes. Me habría visto como una niña disfrazada de mujer, queriendo crecer rápido para empezar a llevar golpes ondeando la bandera de la independencia femenina.  Vaya ingenuidad…

Estos tacones rojos ahora no desentonan, al contrario, encajan bien.  Pertenecen a una mujer que sabe a dónde va, que habla con un tono de autoconfianza y que se para firme ante la vida, exigiéndole que responda a sus expectativas.

Estos zapatos rojos también combinan con una sensualidad que ha ido cocinándose a fuego lento, condimentada con el arte de besar despacito y de moverse al ritmo de un gemido compartido.

Es tener edad para decir que sí. Para abandonarse y no pensar en lo que harían las niñas buenas. Porque, al fin y al cabo, con un par de tacones rojos en los pies ya no hay punto de retorno, ya la niña buena quedó en las fotos viejas.

Pero no todo es miel…  Tener edad para zapatos rojos  también tiene sus bemoles. Como mirarme al espejo y encontrar el rostro de mi madre, las curvas de mis tías, los gestos de todas las mujeres que considero mías y que han sido adultas por un buen tiempo.
Es encontrarme un cabello blanco que se ríe de mí en mi cara.

Es entender que ahora la responsabilidad de pagar la casa y arreglar la tubería que se rompió, es toda mía.

No me quejo. Esta es la combinación que estaba buscando desde hace tiempo… y la que inevitablemente iba a llegar. Como dije al principio: me la disfruto.

Calzo estos tacones rojos a mi anchas … como toda una mujer.