Mi propia película

Definitvamente soy yo la que se inventa conexiones especiales y brillos en los ojos…
Todo pasa en mi cabeza. Nunca en la vida real. Nunca en la cabeza del otro.
Siempre soy yo la que se produce toda una película romántica alrededor de una copa de vino y una pizza mal servida.
Soy yo la que piensa en él al llegar al aeropuerto. La que le escribe mensajes a miles de kilómetros  y  siente en la piel que está bien cerquita. Soy yo la única que se ilusionó pensando que él quería tocarme y darme un beso.
Sí, soy la tonta que cree que sentarse a hablar de su vida y de la mía, de familias, gustos, futuro, profundidades y descalabros…  significa algo. La que no ha entendido a Borges cuando dice que los “besos no son contratos ni los regalos promesas”.
Una vez más, mi yo terrenal apaga el proyector de esta película barata que me he inventado, pone los dos pies en el pavimento… y comprueba que nada de eso significó un carajo.