Depresión Post-Parto

Siempre me pasa esto, no sé por qué.

Cada vez que tengo una temporada fuerte de trabajo, aquello que yo llamo «picos de esclavitud», tengo los chorros de adrenalina corriendo por la venas haciéndome sentir intensamente viva.

Con el viaje a Bolivia, donde estuve en tres ciudades, tomé 6 aviones, me quedé en cuatro hoteles diferentes y trabajé sin parar día y noche, me pasó lo mismo.

Pero al terminar ese ritmo, al volver a mi espacio y tener días tranquilos (a los que se suman las vacaciones del postgrado), no puedo evitar sentirme aburrida y más aún… deprimida.

Sí, ya sé, soy una workaholic.  Pero realmente quisiera saber qué maldita hormona se me pone triste cuando debería estar contenta descansando…

En fin… mejor no analizarlo mucho. Sigo escuchando canciones tristes y mandando mariqueritas en Facebook.

Desventaja

desventaja.jpgCada día que trabajo, me doy cuenta de que debí empezar en esta carrera hace diez años, como todos mis compañeros.

Creo que ese es el resultado de querer cambiar tu vida profesional a la mitad del camino. ¿Cómo le explico yo a mis colegas que también tengo 10 años de carrera… PERO EN OTRA ÁREA?

Me doy cuenta de que me falta experiencia, fogueo, rueda. Para este momento ya debería estar mucho más entrenada y no tan condenadamente perdida… Pero bueno, estar aquí y darse cuenta de esa realidad ya es bastante.

Por muy raro que parezca, esta desventaja no me frustra, pero vaya que me preocupa. Y lo peor es que no hay atajos, no hay vía rápida para ponerse al mismo nivel. La única forma de subsanar esta desventaja es trabajando y echándole MUCHA BOLA. Armarse de paciencia, reconocer los errores y aprender todos los días.

Esa desventaja quizás no se vaya nunca porque lo hecho, hecho está. Pero si sigo con el buen ritmo que llevo y logro por fin deshacerme de esta timidez que me está cerrando el paso, creo que pronto las distancias se irán acortando.

Ya estamos trabajando en eso.

Eficiencia por obligación

Entrevisté a una mujer llamada Angélica cuyo récord laboral es impecable.
Su administración del tiempo es impresionante, su eficiencia es digna de admiración. Cuando por fin le pregunté cómo demonios hacía para ser tan eficaz, su respuesta me sorprendió totalmente:
«No tengo más nada que hacer»- me dijo.
«No tengo hijos que cuidar ni un esposo que atender, la muchacha de servicio limpia la casa y lava la ropa. No pongo flores en la mesa ni riego las plantas por las tardes, no tengo a nadie a quien cocinarle… ni siquiera tengo una mascota a quien alimentar o hacerle cariñitos en la barriga. Sólo tengo un sola cosa que hacer: trabajar. ¿Cómo podría hacerlo mal?»
Angelica está dispuesta a cualquier reunión de negocios que se presente, a cualquier contrato jugoso que se asome, a toda oportunidad de crecimiento profesional que le llegue a las manos. Angélica tiene jornadas de 12 horas de trabajo y parece no cansarse nunca.
Sin embargo, hoy adiviné en sus ojos que no se cansa físicamente… pero el alma la tiene exhausta.

Juan Luis Guerra en la Feria de Barquisimeto


Un señor artista.
Yo lo veía a 2 metros de mí y no lo podía creer. Juan Luis Guerra, músico académico, merenguero de corazón y de cuna , ha traído todo su sabor latino a nuestra ciudad y ha demostrado que todos estos años de talento tienen un peso importante.
Canciones de siempre como «La Bilirrubina», «Ojalá que llueva café», «Visa para un sueño», «Como abeja al panal», «Guavaberry» y las nuevas «Las Avispas» o «La llave de mi corazón» fueron un derroche de energía en el escenario.


La banda sonó fuerte, grande. Claro, estaban todos completos: batería, 4 teclados, 3 percusionistas, bajo, guitarra acústica y eléctrica, trompetas, trombones y 2 saxos; acompañados de cuatro bailarines y los coristas de toda la vida: Adalgisa Pantaleón, Roger Zayas y Juan Aizek.
Hablando de Adalgisa, uno de los momentos más emotivos fue cuando cantaron juntos «Como abeja al panal». Qué bella voz tiene esta mujer… ¡y cómo sabe conquistar al público con una sola canción!
Aplausos para ella.


Juan Luis tuvo también un momento dedicado a Dios, cantándole el tema cristiano «Tan sólo he venido» y terminando con el versículo de Juan 3:16.
Más tarde, en un descanso del artista, los percusionistas se adueñaron del show y empezaron a bailar como locos delante de la gente, sin coreografía ensayada, sin poses y conscientes de sus barrigas y sus cauchos, pero con ganas de divertirse. Los tres pusieron el toque de «fiesta de panitas» en la tarima. Genial.

Luego de un BIS, Juan Luis se despide finalmente con «Guavaberry»: Quiero vivir junto a tí en San Pedro de Macorís… Toda Barquisimeto estaba brincando!!!
Juan Luis Guerra ha sido escogido Personalidad del Año para el Grammy Latino y realmente, se lo merece con todas sus letras.
Es músico y además, es gente. Que Dios le siga regalando éxitos.


PD: Lo malo: no dio rueda de prensa. Nos quedamos esperando todos.
Lo feo: el aire acondicionado de la sala de prensa se incendió poco después. Menos mal que ya yo me había ido.
Lo bueno: Con este concierto cerró la XXXV Feria Internacional de Barquisimeto.

Sí se puede tener todo…


… pero no al mismo tiempo.
Entiéndelo: no puedes hacer un postgrado en el exterior y al mismo tiempo tener un bebé. No puedes crecer como quieres en la radio y, al mismo tiempo, ser experta en comunicación corporativa, corresponsal del extranjero, guionista, productora, profesora en otro estado, propietaria de una franquicia, animadora de TV y estudiante de música.
Y no es que tus capacidades no lleguen a esos niveles, al contrario, puedes hacer eso y más. Pero, créeme, no al mismo tiempo.
No sé por qué tienes esa carrera loca contra el tiempo como si alguien te hubiese puesto un cronómetro en el cerebro. ¿No eras tú la que decía «Lo más bonito del camino será recorrerlo»??
Por otra parte, tampoco puedes ser novia y hablar de vidas juntos y, al mismo tiempo, pretender que eres sólo una «amiga con derecho» y que eres dueña de tu libertad. Decídete, pana.
Tienes que establecer un filtro, establecer prioridades y también aprender a decir que NO.
Algún conejo se te va a quemar… ¿o debo decir que ya se te quemó?

“Persigo la imagen que hice de mí y siempre estoy en deuda conmigo mismo” (*)

Inconforme hasta la médula. Otra vez me dejo atrapar por esa sensación demoledora de que me salen canas en las sienes mientras el mundo gira y crece a mi alrededor, cambiando la vida de todos y dejando la mía en un pozo inmóvil, gris.

Luego de ir y regresar, de ver a otros y volverme a ver en el espejo, me doy cuenta de cuánto tiempo he perdido en una carrera profesional que ha dado ciertos frutos, pero no se acerca ni remotamente a lo que yo soñé de mí misma.

Y se supone que me he desvivido por demostrarle al universo que soy la más arrecha, pero hasta la más consecuente de las batallas termina por fatigarse y decir “que otro conquiste el mundo… yo me quedo”.

Voy a robarle la frase a Damián para decir que yo también estoy “entumecida en mis comodidades” y ahora ese ambiente confortable me hace sentir tan calentita en mis aposentos que no me deja ir a perseguir mis sueños. ¿Ha pasado el tiempo de comerse las verdes? ¿Acaso pasar trabajo ya no tiene el aire de aventura de antes? ¿Cuándo lo perdió? ¿Cuando compré mi casa, mi carro… la computadora, quizás? ¿Cuándo?

Mis esfuerzos han dejado de concentrarse en alcanzar cimas, ahora están más pendientes de pagar el condominio y pintar la pared que se empieza a descascarar. ¿Cuándo coño me hice TAN adulta?

Y sí, he construido una imagen de mí misma que sigue existiendo sólo en mi mente ¡y que no se termina de parecer a la realidad!!! Y lo peor es que reconozco que no he ido a buscarla con vehemencia, sólo la he imaginado, esperando como una tonta… a que el rayo de Zeus la cristalice. ¡Por favor!

Necesito un cambio… y pronto. Necesito salir de aquí y meterme en el cerebro que no soy una casa. Quiero volver a ver la vida con ojos de sol, entendiendo que estoy hecha de sueños que vale la pena cumplir. Quiero volver a sentir cosquillitas ante una nueva oportunidad que aún no se me da pero que sigo trabajando para conseguirla.
Quiero volver a creer que no tengo nada que perder sino toda una vida por ganar.
Quiero decirle a mi fuego interno que voy en busca de su elemento de paz.
Que no lo olvido.

“Hemos sido felices aquí, hemos tenido techo, nuestros amigos compartieron con nosotros su pan. Es hora de partir. Vivir será un incesante fluir.” (*)

(*) Fragmentos de la obra de teatro “Tu país está felíz” montada por Rajatabla.