La historia de Carla

Cuando las niñas de mi familia estábamos pequeñas y soñábamos con estudiar, hacer carrera y ser grandes, Carla representaba para nosotras el modelo a seguir, nuestra idealización del éxito en la vida.

Carla había estudiado en el exterior, hablaba inglés y vivía sola en su propio apartamento. Tenía un carro chévere, ganaba mejor que cualquiera y poseía la libertad para hacer lo que le diera la gana: irse para la playa un fin de semana, comprarse ropa preciosa y sobre todo, no consultarle nunca a nadie de sus decisiones.
Carla era nuestro ideal de independencia y nuestra meta a alcanzar algún día.
¿Casa, marido, hijos? Nada que ver, ella parecía absolutamente feliz en su mundo y nosotras dábamos la vida por comprar un pasaje a ese universo perfecto, muy lejos de la cocina y más lejos aún de un pañal.

Sin embargo, un día, empezamos a notar que Carla ya no se veía tan bien como antes, que el rostro lindo y fresco que siempre habíamos visto había perdido brillo y que su sonrisa le descubría unas líneas nuevas en la cara.
“Es que Carla ya tiene más de cuarenta…” advirtió mi mamá. Y desde ese momento, se instaló entre todos un tema que parecía preocupar a una sociedad entera: el hecho de que Carla no se hubiera casado.
Las pequeñas creímos que eso no la afectaba, que simplemente ELLA HABÍA DECIDIDO que así fuera, lo cual generaba en nuestras mentes una mayor admiración: “¡Por Dios, Carla es magnífica! se ha atrevido a mostrarle al mundo que no necesita de un hombre para ser feliz!! Se basta consigo misma!!”
Pobres inocentes, no sabíamos en ese entonces que Carla lloraba con frecuencia en las noches y que su tremendo sueldo, su apartamento y su libertad no le servían de consuelo.

Recuerdo que en medio del tema de la “soltería prolongada”, alguien dijo: “¿Y quién &%%% se va a empatar con Carla? Si esa mujer no necesita a nadie!! Es demasiado independiente. Tendría que ser un hombre arrechísimo el que pueda estar con ella!!! ¿Y quién quiere una mujer de ese calibre? Eso es demasiada presión!!!”

Un día, sin dar muchas explicaciones y decidida a alejarse un poco de su entorno acusador, Carla amaneció renunciando a su trabajo y emigrando a otro país. ¿Su nueva faceta? Voluntaria en ayuda social.
Un cambio radical que todo el mundo reprobó pero que no nos quedó otra opción que aceptar. Así esta nueva mujer, con casi cincuenta años a cuestas, empezaba un reto totalmente desconocido: una vida de sencillez.
Y entre organizar grupos de ayuda, coordinar actividades y relacionarse con nuevas culturas, Carla vino a toparse con un hombre de una sensibilidad increíble, dieciséis años menor, que un poco más tarde la haría su esposa.

Nunca la habíamos visto tan feliz como cuando entró vestida de blanco, lista para entregarse por completo y deslastrarse por fin de su pesada independencia.

Ya no idolatro a Carla, simplemente he comprendido lo inmensamente sola que se sentía… y lo equivocado de nuestro concepto de la felicidad.

5 comentarios en “La historia de Carla

  1. Excelente narración. Pensé que Carla era homosexual, y que bajo ese contexto de admiración, a lo mejor a algunas se escandalizarían. Pero veo que no, que la historia tomo otro giro igual de interesante.
    Buena historia, sin dudas.

  2. Tesne:
    Fíjate que sí, en esta historia los hombres se sentían intimidados por Carla.
    De hecho, ella tuvo que salir de su entorno de ejecutiva exitosa y trabajar en un círculo de voluntariado para que, por fin, algún alma sensible se sintiera a gusto a su lado.
    ¿Por qué los hombres tienen miedo de las mujeres fuertes?
    ¿No deberían sentirse orgullosos de tenerlas como compañeras?
    Pregunto…

  3. La ambiguedad de lo que es Felicidad, no?
    Hce algun tiempo, en una de «despecho» que llaman.. escribi en uno de mis post «No hay amor sin felicidad». Ella lo consigo con todo y lo fuerte que es y en vez de nosotros tenerles miedo, podriamos hasta trazarnos como meta mujeres asi, ¡sin menospreciar a ninguna otra!
    Saludos Andre

  4. La vida es cruel e injusta con las mujeres, y no sé si es el destino, la vida o Dios, quien te pone a escoger entre ser una profesional exitosa y tener un amor para toda la vida, y es cuando te toca poner en una balanza a ver cual de las dos sacrificas. Porque aunque allá momentos en la vida en crees tener los dos y crees poder con ambos, siempre hay un o que se queja… El amor porque trabajas demasiado y no le dedicas tiempo, o porque según ellos nuestro trabajo es lo más importante. O se queja el trabajo, porque ahora estas enamorada y te la pasas en una nube montada y ya no das el 1.000% que dabas antes, ahora sólo das el 100. Por qué los hombres si pueden tener ambas, y ser el Héroe del cuento, y nosotras no? Por qué los hombres le temen tantos a mujeres emprendedoras y luchadoras? No entiende que detrás de un gran hombre SIEMPRE hay una gran mujer…. no entienden que así como nostras nos sentimos orgullosas de ellos, queremos que ellos sientan lo mismo por nosotras? No somos moustros a los que hay que temer, en la medida que ambos tengamos buenos cargos, buenos sueldos y buenos sentimientos, será mejor nuestra calidad de vida y nuestro orgullo del uno por el otro.

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